La novela Frankenstein o el moderno Prometeo, publicada hace más de dos siglos, continúa siendo una fuente de inspiración. En ella, Mary Shelley incluyó reflexiones sobre el valor de la vida, expresadas por el personaje de la criatura.
La novela Frankenstein o el moderno Prometeo, escrita por Mary Shelley y publicada por primera vez en 1818, sigue siendo una obra de referencia en la literatura universal. En el capítulo 10, la criatura creada por Víctor Frankenstein pronuncia una frase que ha trascendido el tiempo: «Amo la vida, aunque no sea más que un cúmulo de angustias, y la defenderé».
La trama de la novela narra la historia de Víctor Frankenstein, un científico que da vida a una figura de piel amarillenta, cabello negro y cuerpo gigantesco. Tras cobrar vida, la criatura comete varios asesinatos, incluyendo los de la esposa, el hermano y el mejor amigo de su creador. En el capítulo 10, ambos se reencuentran por primera vez después de los crímenes. La criatura pide a Víctor que la escuche, pero este intenta atacarla. La criatura esquiva el ataque y pronuncia la frase mencionada.
El contexto de la frase se enmarca en un reclamo moral de la criatura hacia su creador, quien la abandonó tiempo atrás. La criatura sostiene que su comportamiento es el resultado de las condiciones de vida que le tocó enfrentar y pide a Víctor que, antes de juzgarla, acepte su explicación y asuma la responsabilidad de haberle dado vida.
La frase también puede interpretarse como una reflexión de la propia Mary Shelley sobre el valor de la existencia. Shelley nació el 30 de agosto de 1797 en Londres y falleció en 1851. A lo largo de su vida, se destacó como escritora y defensora de la voz femenina. Su madre, la filósofa feminista Mary Wollstonecraft, influyó en su exploración de temas como la ambición, el aislamiento y las luchas de las mujeres en un mundo dominado por hombres.
