El cambio climático impacta en la vida cotidiana con inundaciones y olas de calor. Expertos señalan la necesidad de políticas de eficiencia energética y movilidad urbana sostenible.
La discusión climática en Argentina se encuentra atravesada por consignas y falsas antinomias, según afirmaron especialistas consultados. En paralelo, el cambio climático ya genera impactos en la vida cotidiana, como inundaciones más frecuentes, olas de calor más intensas y presión sobre la infraestructura.
El país aún no presentó su NDC 3.0, el instrumento mediante el cual los Estados actualizan sus compromisos de reducción de emisiones en el marco del Acuerdo de París. Según fuentes del sector, no se trata de un trámite burocrático sino de la hoja de ruta que define el desarrollo futuro.
Durante años, Argentina optó por subsidiar el consumo en lugar de enfocarse en la eficiencia energética. Se destinaron miles de millones de pesos para sostener tarifas, cuando parte de esos recursos podrían haberse utilizado para transformar viviendas, reducir pérdidas energéticas y disminuir el gasto de las familias.
En ese contexto, se propuso avanzar en políticas como el etiquetado de eficiencia energética en viviendas, similar al que ya existe para electrodomésticos. Esto mejoraría la transparencia del mercado inmobiliario, impulsaría una construcción más eficiente, reduciría emisiones y estabilizaría la balanza energética.
Las ciudades tienen un rol central en esta transformación. La urbanista Jane Jacobs sostenía que la vitalidad urbana depende de la densidad, la mezcla de usos y la intensidad de la vida en común. Hoy esa lógica también es una cuestión ambiental: ciudades más compactas reducen distancias, optimizan infraestructura y hacen más eficiente el uso de energía y servicios.
La movilidad urbana es otro ejemplo de cómo la acción climática y el desarrollo pueden articularse. La inversión en transporte público no es una discusión anacrónica. Sistemas como el Metro de Santiago de Chile son resultado de décadas de planificación, inversión sostenida e integración del sistema de transporte.
Argentina necesita volver a pensar la movilidad urbana como política de Estado, según los expertos. Eso implica ampliar y modernizar redes ferroviarias, metros, tranvías y corredores eléctricos de alta capacidad, así como apostar por la electrificación del transporte y por sistemas urbanos integrados que reduzcan tiempos, emisiones y costos. Ciudades como Buenos Aires o Rosario tienen oportunidades para avanzar en esa dirección y convertirse en laboratorios de innovación urbana, movilidad sostenible e infraestructura inteligente.
Al mismo tiempo, se debe preparar para impactos climáticos ya inevitables. Se estima que más de 570 ciudades costeras podrían quedar expuestas a inundaciones recurrentes hacia 2050 debido al aumento del nivel del mar. Las obras hidráulicas, la infraestructura resiliente y la planificación urbana inteligente definirán qué ciudades estarán preparadas. La tecnología puede contribuir con inteligencia artificial aplicada al tránsito o mapas de sombra urbana para reducir temperatura mediante arbolado y soluciones arquitectónicas.
