En redes sociales se viralizan videos de varones jóvenes que simulan golpes ante un posible rechazo femenino. El fenómeno, vinculado a la comunidad incel, preocupa a especialistas por su banalización de la violencia de género.
En las redes sociales crece una tendencia que alarma: videos de varones jóvenes que «entrenan» golpes por si una chica los rechaza. El reto se viraliza entre quienes se identifican como incels (célibes involuntarios), un grupo que encuentra en los feminismos una amenaza para su masculinidad y una excusa para canalizar sus frustraciones. Esta banalización de la violencia forma parte del denominado backlash, una respuesta ante los avances en las conquistas de género, que encarnan diferentes comunidades cuyos discursos alcanzan a permear niveles legislativos.
La violencia traspasa las pantallas y se materializa en un femicidio cada 33 horas, una cifra que no cede y encuentra terreno fértil ante el desfinanciamiento estatal de las políticas de género.
“La comunidad incel se ha hecho muy famosa en los últimos tiempos, sobre todo a partir de la película Adolescencia, pero también porque muchas de las personas que han protagonizado eventos violentos participan de esas comunidades que tienen una fuerte presencia en las redes sociales, como Discord o TikTok. Podríamos caracterizarla como una comunidad de varones enojados, que se han constituido a partir de ese enojo y de esa reacción virulenta a los avances de los feminismos en los últimos años”, señaló a El Ciudadano, Florencia Rovetto, investigadora de Conicet y secretaria del área de Género y Sexualidad de la UNR.
Rovetto explicó el fenómeno como parte del denominado backlash, una reacción generada a partir de las conquistas de la lucha de género, que creció a la par del movimiento feminista en Latinoamérica, y en Argentina a partir de 2015, con la primera manifestación de Ni Una Menos que se fortaleció con el debate por la aprobación de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. “El backlash, que tiene referentes y discursos propios en contraposición al avance de los feminismos y de las mujeres, se ha encargado de desprestigiar la educación sexual integral y las luchas específicas de las mujeres, de minimizar el problema de las desigualdades de género —el propio presidente Milei dijo que no existen las desigualdades de género en una conferencia—, y de atacar al colectivo LGTBIQ+. Está compuesto por movimientos muy diversos, incluso amparados por el discurso que encarnan las nuevas derechas o las ultraderechas, que se han ido afincando en algunos gobiernos o estados nacionales”, expresó.
Para la investigadora, dentro de ese movimiento de varones reaccionarios a los avances del feminismo, la comunidad incel ocupa un lugar importante. “Se trata de varones muy jóvenes que han desarrollado su socialización de género, incluso su construcción de identidad masculina, heterosexual, blanca, con poder en las redes sociales. Estos varones, sobre todo los jóvenes, atribuyen al avance de las mujeres todas sus frustraciones. Por eso las prácticas de las comunidades incel aleccionan en relación a cómo acercarse a las mujeres y cómo atacarlas si han sido rechazados”, explicó Rovetto y agregó que muchos integrantes de esta comunidad optan por el celibato por el miedo al rechazo de las mujeres.
“Hay algo de ese celibato al que apelan: «acá no hay nada que hacer», «el vínculo con las personas de otro género es imposible», «seremos rechazados», entonces «mejor las atacamos». Estos varones crecen en un contexto de profunda precarización de la vida, de falta de entusiasmo, de proyectos, y responsabilizan al movimiento feminista de sus problemas, frustraciones, desilusiones, incapacidad para proyectarse en la vida”.
Como parte de esta comunidad circulan en las redes sociales retos virales donde los varones dan golpes en caso de que la chica los rechace. «Practicando en caso de que diga que no», es la frase que acompaña las imágenes de varones entrenando o dando patadas. Los usuarios aseguran que se trata de contenido irónico pero las investigaciones muestran casos de femicidio donde los agresores tenían perfiles misóginos en redes sociales.
“En el femicidio de Sophia Civarelli, pero también en el caso de San Cristóbal, los perfiles digitales de los agresores reproducían discursos de crueldad y de odio hacia las mujeres y disidencias. Son metabolizados por estos grupos de varones y pasan del discurso al hecho. Hay una especie de manto de impunidad para hacerlo, de habilitación discursiva, pero también una habilitación práctica”, explicó Rovetto.
Este tipo de videos con supuestos “retos” virales muestra una banalización de la violencia de género. Lo mismo que ocurrió con la publicidad de YPF, en la que metían a una chica en una bolsa que luego subían a una camioneta. Para Rovetto, este tipo de mensajes naturalizan la agresión y ocultan el carácter estructural de la violencia de género. “Las agresiones, los maltratos o las desigualdades basadas en el género son minimizadas, normalizadas o ridiculizadas, restándole gravedad y ocultando su carácter estructural como un fenómeno que abarca al conjunto de la sociedad, que atraviesa a todos los sectores y clases sociales. Despojan a la violencia de su gravedad”, concluyó.
