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El debate por el control de los datos: ¿de quién es el poder?

Un análisis de cómo la concentración de información en manos de pocas empresas tecnológicas globales plantea interrogantes sobre la autonomía de los países y las personas, con foco en el caso de Peter Thiel y su empresa Palantir.

Por Susana Pozzi / Especial para Santa Fe Al Dia

En el mundo actual, el poder ya no se mide solo en territorio o recursos naturales, sino en datos. Detrás de esta transformación hay figuras clave como Peter Thiel, cofundador de PayPal, inversor temprano en Facebook y creador de Palantir Technologies, una empresa que trabaja con sistemas de análisis de datos utilizados en inteligencia y defensa.

Palantir no vende redes sociales ni entretenimiento; sus plataformas procesan información en tiempo real para identificar objetivos, anticipar movimientos y coordinar operaciones militares. Es decir, no solo interpreta la realidad, sino que ayuda a definirla.

Este fenómeno recibe distintos nombres: imperialismo tecnológico, capitalismo de plataformas o feudalismo tecnológico. Más allá de la etiqueta, el núcleo es el mismo: unas pocas empresas concentran información masiva sobre hábitos, consumos, comunicaciones y pensamientos de millones de personas, lo que les otorga una capacidad de influencia y control sin precedentes.

En Argentina, donde según el Observatorio de la UCA más de la mitad de los niños vive en situación de pobreza y existen deudas estructurales en alimentación, educación y oportunidades, surge la pregunta: ¿la dependencia tecnológica resuelve esos problemas o nos distrae de ellos? Cuando los datos, las decisiones y las reglas del juego están fuera del país, el margen de autonomía se achica.

La discusión no debería limitarse a si nombres como Thiel traen inversión. La cuestión de fondo es si estamos utilizando la tecnología para resolver problemas locales o aceptando un lugar subordinado en un sistema que no controlamos. En este nuevo escenario, el poder no necesita invadir: le alcanza con conocer y procesar.

Al final, la pregunta es simple: si los datos no son nuestros, ¿acaso lo es el poder?

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