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Stargate Argentina: a un año de la carta de intención, sin avances confirmados

OpenAI y Sur Energy firmaron un acuerdo en octubre de 2025 para evaluar centros de datos en la Patagonia por hasta 25 mil millones de dólares. Un año después, no se registran solicitudes al RIGI ni detalles sobre inversión, obras o empleo.

A un año de la firma de la carta de intención entre OpenAI y la empresa argentina Sur Energy para construir centros de datos en la Patagonia, no se conocen avances concretos sobre el proyecto, denominado Stargate Argentina, que contempla una inversión potencial de 25 mil millones de dólares.

El anuncio se realizó el 10 de octubre de 2025, tras una reunión del presidente Javier Milei con representantes de OpenAI en la Casa Rosada. La comunicación oficial mencionó una carta de intención con Sur Energy, un centro de datos de hasta 500 megavatios y una inversión que podría alcanzar los 25 mil millones de dólares.

Consultadas por este medio, fuentes de Energía y Minería del Ministerio de Economía de la Nación indicaron que no tienen información para aportar sobre el estado del proyecto. Emiliano Kargieman, uno de los fundadores de Sur Energy, declaró el 12 de agosto a Bloomberg Línea: «La pelota está en la cancha de OpenAI». Ante consultas directas de este medio, el empresario no respondió preguntas.

Voceros de OpenAI señalaron a este medio que la compañía sería un potencial comprador de capacidad de cómputo y que cualquier compra dependería del desarrollo que debe encabezar Sur Energy. «Los proyectos de esta magnitud son iniciativas de largo plazo. Sur Energy asumiría el liderazgo del desarrollo energético y de infraestructura y reuniría al consorcio responsable de desarrollar y construir el proyecto. Cualquier posible compra de capacidad de cómputo por parte de OpenAI dependería de ese trabajo de desarrollo», explicaron. Asimismo, calificaron a América Latina como «una región clave» para la compañía.

En paralelo, el Gobierno de Javier Milei impulsa el llamado Súper RIGI, que tiene media sanción de la Cámara de Diputados y está pendiente en el Senado. El 2 de octubre, el presidente afirmó: «Argentina es muy apta para poner data centers», y ubicó a esa actividad entre las que «empujan el crecimiento».

Sur Energy fue fundada por Matías Travizano, Stan Chudnovsky y Emiliano Kargieman. El comunicado de OpenAI preveía una asociación con un desarrollador de infraestructura de nube, mientras que la empresa argentina debía integrar la energía y la infraestructura.

Los plazos anunciados fueron ambiciosos: el 4 de noviembre de 2025, durante el foro de la consultora Abeceb, Kargieman proyectó iniciar la construcción en 2026 y operar en 2027, y anticipó que la solicitud de ingreso al RIGI se presentaría a comienzos de 2026. Neuquén, Río Negro y Chubut figuraban entre las provincias candidatas para alojar los centros de datos. A octubre de este año, los impulsores no precisaron si se mantiene ese cronograma.

El 29 de abril de 2026, Economía informó a Diputados que Stargate no había solicitado la adhesión al RIGI y no tenía expediente ni evaluación en curso. Darío Clemente, investigador del CONICET y miembro del Observatorio del RIGI, sostuvo que esa instancia tampoco se había alcanzado en octubre. «En este caso ni siquiera ha sido presentado el proyecto Stargate», declaró a este medio. «Hay muchos proyectos que no entraron siquiera a la fase de evaluación y otros que entraron hace mucho tiempo y no se sabe más nada sobre eso», agregó.

El RIGI, creado por la Ley Bases, ofrece incentivos fiscales, aduaneros y cambiarios para grandes inversiones en sectores determinados, entre ellos tecnología e infraestructura. Contempla una alícuota de Ganancias del 25% y estabilidad por 30 años. Para acceder, las empresas deben presentar una solicitud y un plan de inversión, sujetos a evaluación y aprobación de la autoridad de aplicación. La publicidad de un proyecto no concede esos beneficios.

Clemente cuestionó las dificultades para seguir ese recorrido. «El Gobierno solamente hace algunos meses ha establecido un sitio oficial donde se pueden consultar los proyectos, pero no son la totalidad de los proyectos que a nosotros resultan. Incluso hicimos y seguimos haciendo varios pedidos de acceso a la información y la información que nos devuelven es incompleta y a veces hasta contradictoria», señaló.

La falta de presentación al régimen tampoco descarta negociaciones privadas. Durante el año hubo gestiones que trascendieron, como recorridas por terrenos en Senillosa y Arroyito, en el departamento de Confluencia, en Neuquén. A principios de mes, Kargieman dijo a Infobae que Sur tenía acuerdos de provisión energética con Central Puerto y Genneia, otro con Fluidstack, una empresa de infraestructura de cómputo para inteligencia artificial, y un lugar seleccionado en Confluencia. No obstante, reconoció: «La realidad concreta es que no avanzamos todavía de la carta de intención a un contrato firme».

En ese escenario aparece el Súper RIGI, anunciado por el Gobierno en mayo, con media sanción de Diputados el 24 de junio. Apunta a inversiones en nuevas actividades económicas con beneficios como una alícuota de Ganancias del 15%, amortización acelerada de inversiones y exenciones aduaneras. Son incentivos de un proyecto de ley, todavía sin vigencia, y su eventual aprobación tampoco equivaldría a la adhesión de Stargate ni a la obtención del dinero necesario para construirlo. Clemente consideró que los centros de datos están entre los destinatarios de esa política. «El Súper RIGI tiene entre sus objetivos el de facilitar inversiones en centros de datos, que sea el proyecto Stargate u otros similares», sostuvo.

Un centro de datos para inteligencia artificial reúne servidores equipados con GPUs, procesadores capaces de realizar muchas operaciones en paralelo, junto con almacenamiento y conectividad. Todo eso requiere electricidad constante, refrigeración y mantenimiento. «La obra y, sobre todo, asegurar la energía es lo que más demora: hablamos de años, no de meses. El equipamiento también tiene sus plazos, porque la demanda global de GPU es enorme y en Argentina se suma la importación. Una vez instalado, la puesta a punto lleva semanas», explicó a este medio Diego Mendes Gouveia, vicepresidente de Operaciones para América Latina de Park Place Technologies, empresa de servicios y mantenimiento de infraestructura.

Argentina ya tiene infraestructura de distintas escalas. ARSAT ofrece nube, almacenamiento y respaldo de información desde Benavídez. Cirion, una empresa de infraestructura digital, informa 7 MW de potencia instalada en su centro BUE1, en Buenos Aires, donde aloja equipos de terceros y ofrece interconexión. Stargate proyecta hasta 500 MW, una escala mucho mayor.

Ezequiel Mc Govern, delegado de FOETRA (Sindicato de Telecomunicaciones) en ARSAT, señaló las restricciones para dar el salto de escala que plantea Stargate. Al ser consultado por este medio, indicó el abastecimiento energético, el nivel de inversión y la disponibilidad de equipamiento como obstáculos centrales. «En Argentina son pocos los data centers que se diseñaron de cero para dar servicios de nube, la gran mayoría son para colocation y para infraestructura corporativa», sostuvo. «Colocation» es el alquiler de espacio, energía y conectividad para alojar equipos de terceros. Mc Govern calificó el anuncio como «puro humo» y cuestionó las condiciones para sostener esa infraestructura, aunque no aportó información sobre los contratos de Stargate.

Por su parte, Clemente contó que está desarrollando «un índice humo», una herramienta para seguir los anuncios de inversiones y su concreción. Según explicó, busca representar «no sólo la opacidad de la información con respecto a todos los proyectos de RIGI, sino hacer referencia a una gran cantidad de proyectos que desde fines de 2024 se han publicitado en la prensa, pero no han avanzado».

La Resolución 264/2026 de Energía, publicada el 25 de septiembre, estableció exigencias de contratación de energía y respaldo de potencia para grandes demandas, con condiciones adicionales para los centros de procesamiento intensivo de datos alcanzados. Busca evitar que comprometan el suministro del resto del sistema.

Gouveia agregó una exigencia que permanece una vez terminada la obra: «Estos equipos trabajan al límite las 24 horas, y la pregunta pasa a ser quién los mantiene funcionando. Tener técnicos y repuestos cerca, en Buenos Aires y en las provincias, es tan importante como haberlo construido».

El negocio de los centros de datos despierta el interés de gigantes tecnológicos. Después del anuncio de OpenAI del año pasado, un alto directivo de Oracle, multinacional de software y servicios en la nube, contactó a este medio para aportar información sobre la actividad de la compañía. «Es por eso que tenemos esos partnerships (como Stargate) donde los clientes nos eligen», aseguró, al destacar su capacidad para construir data centers. El directivo no precisó si incluía al proyecto argentino. Las consultas posteriores fueron elevadas a la matriz estadounidense, que, según se comunicó a este medio, no autorizó responder sobre centros de datos en Argentina.

Más allá de la poca información y precisión sobre la actualidad del proyecto, Cecilia Rikap, profesora asociada de Economía y directora de Investigación del Instituto para la Innovación y el Propósito Público de University College London, propuso evaluar qué recibe el país a cambio de los recursos que aporta. «Un proyecto de centro de datos como este exige que el país local ofrezca energía eléctrica, agua, tierra y trabajo de construcción. A cambio recibe contaminación sonora, lumínica y del aire, facturas de luz y agua más caras para las personas que viven cerca del centro de datos dada su fuerte demanda de estos servicios y casi nula creación de empleo una vez operando», planteó a este medio. Los efectos concretos dependerán del diseño, el abastecimiento energético y las condiciones de operación del proyecto, que todavía no se conocen en detalle.

La economista cuestionó que el monto total anunciado sea suficiente para medir el beneficio local. «Gran parte de la inversión prometida paga la importación de semiconductores, de modo que el neto en materia de inversión en el país es mucho menor que el anunciado», sostuvo. En Stargate, la falta de un desglose público impide calcular cuánto correspondería a equipos importados, obras, proveedores argentinos o empleo permanente.

Rikap también puso en discusión la transferencia de capacidades. «Mientras tanto, los algoritmos se siguen desarrollando a distancia sin que el centro de datos genere transferencia de conocimiento a nivel local ni garantice la seguridad de los datos», advirtió. Desde ese análisis, la economista advirtió un riesgo de «más dependencia y subdesarrollo para la Argentina y más extracción de naturaleza que se pone al servicio de más extracción (y monetización) de datos y conocimiento por parte de las mayores empresas del mundo».

Evaluar esa promesa demanda conocer quién financiará y construirá el centro, bajo qué condiciones operará y qué compromisos asumirá con el país en cuanto a consumo energético, contaminación y generación de empleo. Los contratos, desembolsos y obras que permitirían concretar el proyecto siguen sin difusión pública.

A un año del anuncio, no está confirmado que la pelota esté en la cancha de OpenAI. Mientras tanto, la empresa de Sam Altman prepara su salida a Wall Street, ya descartada para este año, y Milei se encamina hacia las elecciones presidenciales de 2027, con la reelección como objetivo. El interés comercial de OpenAI y la apuesta política del presidente podrían confluir el año próximo. Para la sociedad civil, las preguntas sobre qué pasará con la promesa de inversión, cuánto empleo podría generar y qué costos urbanísticos y ambientales tendría para el país siguen sin respuesta.

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