El hombre de 90 años afirma que fue baleado y golpeado en la esquina de 27 de Febrero y Ovidio Lagos durante los ataques de las Fuerzas Armadas que derivaron en el golpe de Estado. El Concejo Municipal lo homenajeó en 2019.
José Mármol despliega sobre una mesa objetos que conserva: recortes de diarios, notas periodísticas impresas, cuadernillos del Archivo Nacional de la Memoria, fotos carnet en blanco y negro, una edición de la revista Mundo Peronista, proclamas y poemas en hojas A4, un libro titulado Doctrina peronista, libreta de enrolamiento y licencia de aficionado de Box. De este último, indica: “Leé lo que dice ahí”. En un sellado con tinta azul figura “Segundo plan quinquenal”. “Ese fue el que no se llegó a terminar”, agrega.
Mármol, de 90 años, cumplió años en mayo. En una tarde nublada, en la esquina de 27 de Febrero y Ovidio Lagos, relata lo ocurrido en ese mismo lugar hace 71 años: el 24 de septiembre de 1955, en el marco de los ataques de las Fuerzas Armadas contra la población durante el tercer golpe de Estado en Argentina, afirma que le dispararon, lo golpearon y lo dieron por muerto. Tenía 19 años.
—Soy el muerto que habla.
Mármol creció en el barrio República de la Sexta, terminó la escuela primaria y trabaja desde los 14 años. Se casó a los 23 y se radicó en Villa Constitución, donde vive desde entonces. Es hijo de una ama de casa y de un guardabarrera, y hermano del medio de cuatro. Trabajó de canillita, vendedor de hielo, albañil, taxista, inspector y coordinador de embarques. Afirma que se sintió conmovido por las noticias de Perón desde que tenía menos de 10 años, cuando le leía el diario en voz alta a su madre.
—Antes de Perón, no había derechos, nada. No teníamos juguetes, hacíamos barriletes con papel de diario. Vi todos los derechos laborales que se dieron con Perón. Realmente siempre me sentí un soldado.
El 16 de septiembre de 1955, en Córdoba, comenzó un levantamiento militar contra el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, reelecto con más del 63 por ciento de los votos en 1951. El 23 de septiembre de 1955, la Plaza de Mayo se llenó de personas que celebraron la asunción de Eduardo Lonardi a la presidencia, sin elecciones ni encuadre institucional.
Mármol recuerda la inquietud de esos días: ¿Perón había renunciado?, ¿estaba vivo?, ¿dónde estaba? Los cabecillas de las seccionales no daban respuestas suficientes. Entonces afirma: “Fuimos los primeros piqueteros, lo que hicimos fue un piquete”. Sostiene: “La jerga de la historia tiene como la primera resistencia peronista la que se dio el 9 de junio del 56 a través de Juan José Valle. Pero la primera resistencia realmente fue la nuestra, la del 55 en Rosario. Después se extendió. Y fue la más sangrienta, no fue la sangre de los milicos sino la nuestra. Porque nosotros no salimos a la calle con armas, ellos sí”.
Para él, ni Rosario ni su caso ni sus compañeros son debidamente recordados en la historia del país ni en la de su movimiento.
Con el golpe se abrió en Argentina una etapa de proscripción y persecución que dejó fuera del juego al Partido Justicialista durante 18 años y llenó las cárceles de militantes y ex funcionarios peronistas, además de comunistas.
Mármol menciona el decreto 4161, dictado en marzo de 1956, que prohibía en todo el país cualquier elemento de propaganda, símbolos o ideas del peronismo. Ni siquiera se podían pronunciar en público los nombres Perón o Evita. En noviembre de 1955 se había decretado la disolución del Partido Justicialista.
Durante dos horas de conversación, Mármol despliega fechas, nombres, apellidos, calles, recorridos de tranvías y colectivos. Relata lo que vivió esa mañana en la esquina de la sede del Club Provincial y del Estadio Municipal Jorge Newbery.
La secuencia que describe es la siguiente: hacia las 10 de la mañana, el barrio Parque era testigo de una multitud que crecía en Ovidio Lagos y 27 de Febrero. Hombres y mujeres llegaban de distintos barrios, sobre todo de la zona sur y norte, para buscar y compartir información, y para ocupar la calle. Mármol señala que el paisaje no era el mismo que ahora: ya estaban el club y el hipódromo, pero después había calle de tierra y un stud de caballos. Todos entendían que esa esquina era un punto importante de la ciudad para hacerse ver porque era la conexión de Rosario hacia Buenos Aires.
Después del mediodía, recuerda, eran muchos más. En ese momento, envuelto en una bandera argentina, Mármol se subió a una escalera con la intención de colgar del cableado eléctrico estandartes de Evita y Perón.
En notas que dio en las últimas décadas, repite algunas escenas. Por ejemplo, que en un camión con soldados del Regimiento 11 de Infantería vio a un amigo suyo, jugador entonces de Rosario Central, que le gritó que se escaparan, que las órdenes desde Monte Caseros eran de matar, que ellos estaban siendo castigados por negarse y que no sabía dónde los llevaban.
—Nosotros no sabíamos lo que era estar en estado de sitio. Antes de que se decretaran ya te aplicaban el 4161, ¿qué significaba? Pena de muerte. Y también te podían detener, como nos pasó a muchos.
También repite que, colgado de la escalera, gritaba “Viva Perón, carajo” o “La vida por Perón” y que fue entonces cuando recibió el disparo que lo tiró al piso. No recuerda haber sentido tanto dolor con la bala pero sí con lo que siguió: un soldado se acercó y con la culata de un fusil lo golpeó tan fuerte que le rompió un riñón.
Al recorrer la esquina y esa cuadra, Mármol señala los lugares por donde escaparon las personas ante los disparos. A él lo subieron a un camión “como si fuera una bolsa de papa” y desde allí vio decenas de detenciones y huidas. Pasó por distintas dependencias públicas de salud y también privadas. Vio salas repletas de heridos. Nunca terminó de encontrar todos los registros de su paso por los hospitales. Pasó las primeras semanas con custodia policial. Su estado de salud fue tan grave que lo tuvieron que operar. Su familia consiguió información para encontrarlo recién en diciembre de 1955, cuando su padre fue al hospital y comprobó que su hijo José Mármol estaba vivo.
Nunca hubo juicio por su caso ni por el de ninguno de esos días. En 2019, el Concejo Municipal lo homenajeó por su resistencia a la incipiente dictadura.
Días violentos: septiembre del 55
La historia oficial tiende a omitir los hechos de violencia ocurridos en 1955 para dar el golpe. Difícil pirueta considerando los más de 300 asesinatos cometidos en la Plaza de Mayo el 16 de junio de ese año, cuando aviones de la Marina bombardearon Buenos Aires con el objetivo de matar a Perón y dar un golpe de Estado. Fueron la Armada y la Fuerza Aérea las que se sublevaron entonces; hacia septiembre lograron sumar a buena parte del Ejército y concretaron la destitución del presidente bajo nuevas amenazas y, nuevamente, con bombardeos en Mar del Plata.
Mármol menciona dos asesinatos ese día en la esquina de Lagos y 27 de Febrero: el de Graciela Cope, de 15 años, y el de Rubén Gioannini, de 8 años, quienes también fueron homenajeados en el acto de 2019 del Concejo Municipal.
El libro El golpe que duró más de tres meses, de Rafael Cullen y Juan Salinas, detalla lo publicado por medios de aquellos días: el 24 de septiembre La Acción publica 15 muertos; La Capital, 3 muertos y 11 heridos, pero el 25 de septiembre ya indica que en realidad eran 25 muertos y 55 heridos por acciones militares.
En una entrevista publicada en Página 12 en febrero de 2008, la militante del Partido Socialista y colaboradora de la resistencia peronista Beba Carmen Balvé relató:
“Apenas iniciado el golpe contra el gobierno constitucional, los resistentes de Rosario soportaron el embate durante siete días. El general León Bengoa, comandante del III Cuerpo de Ejército con sede en Paraná, sitió la ciudad con armamento y tanques Sherman provocando una guerra civil. Sin alimentos ni armas, las fuerzas leales a Perón, el Regimiento Militar II de Infantería de Rosario, los trabajadores del cordón industrial y el pueblo pelearon contra los sectores civiles enemigos y las Fuerzas Armadas. El enfrentamiento se cobró 500 muertos entre niños, mujeres y hombres, además de cientos de heridos. Vi fusilar a diez pibes; vi cuando desde los tanques ametrallaban a jóvenes que se tiraban al lago del Parque Independencia. Había toque de queda y por las noches sonaban las balas de los francotiradores. Los militares entraban a las radios mientras se emitían los programas: todo el pueblo escuchaba apersonarse al capitán de fragata tal o cual y luego el rugido de la ametralladora. Mataban a todos en el marco de esa insurrección. Ahí me curé de espanto”.
El periodista e investigador Ricardo “Patán” Ragendorfer, en una nota publicada en Tiempo Argentino en 2025, escribió que según “una investigación efectuada en 2017 por el Archivo Nacional de la Memoria, entre el 16 y el 21 de septiembre hubo no menos de 157 vidas truncadas por los insurrectos al mando de Lonardi, Rojas y el general Pedro Eugenio Aramburu”.
