Juan Nemirovsky, protagonista del comercial emitido en los años 90, recordó en una entrevista cómo vivió aquella experiencia, la repercusión en su entorno y su vínculo con el mundo de los juguetes.
“Primer domingo de agosto, Día del Niño. Hoy más que nunca regale juguetes, regale cariño. Regale amor, regale cariño, regale juguetes para el Día del Niño”. Este jingle, emitido durante los años 90 en Rosario, permanece en la memoria de muchos. Detrás de esa publicidad, que buscaba instalar el Día del Ahijado, se encuentra la historia de Juan Nemirovsky, el niño que protagonizó el comercial.
En una entrevista con el programa “Una Tarde Más” de La Capital+, Nemirovsky, nacido en 1983, contó que tenía alrededor de 10 u 11 años cuando participó en la grabación. Su padre, Ricardo Nemirovski, trabajaba como vendedor y representante del rubro juguetero y decidió que su hijo participara en lugar de contratar a un actor infantil. “Mi viejo, en vez de contratar un niño actor, agarró al hijo y lo metió y se ahorró unos mangos”, expresó entre risas.
El actor recordó que, tras la emisión, sus compañeros de escuela se burlaban de él por haber aparecido en televisión. “Yo no la recuerdo porque no la vi”, explicó. Sí recuerda el texto que debía decir junto a otra niña: “Para el Día del Ahijado queremos juguetes”. Esa exposición le generó incomodidad en ese momento.
La publicidad no se encuentra disponible en internet ni en los archivos de la Cámara del Juguete. Durante la entrevista, los conductores y el propio actor intentaron localizarla sin éxito. “Está como en el Triángulo de las Bermudas de internet”, bromeó Nemirovsky.
Nemirovsky creció rodeado de juguetes. Su padre compraba grandes cantidades para ofrecerlas a jugueterías. Juan recordó haber tenido algunos de los juguetes más deseados de su generación, como el Castillo de Grayskull, el barco pirata de Playmobil y la PlayStation. “Mi casa era la casa donde más juguete había”, afirmó. Además, colaboraba en la empresa familiar, ensamblando muñecas Barbie y probando muestras comerciales que llegaban desde China.
El actor también observó cambios en el vínculo de los niños con los juguetes. En los años 90, las fechas de Reyes y del Día del Niño generaban gran movimiento en los comercios. “En esa época, en los 90, la noche de Reyes Magos era la juguetería abierta hasta la una, dos de la mañana, padres tirándose uno encima del otro para agarrar el juguete que todos querían”, relató. En la actualidad, percibe que los chicos se acercan a las pantallas a edades más tempranas. “Me atrevo a decir que a partir de los cinco o seis años un niño ya empieza a estar más cerca de la pantalla”, sostuvo.
Nemirovsky estudió brevemente Administración de Empresas, pero luego decidió dedicarse al teatro. “Yo dije: era divertido. Acá no se puede jugar, acá me voy a la escuela de teatro”, contó. Actualmente se desempeña como actor, docente y productor. Da clases en La Orilla Infinita, espacio teatral del que forma parte, y trabaja en actuación frente a cámara y dirección de actores. Participa en obras, publicidades y proyectos audiovisuales, entre ellos la obra “Fe ciega” los sábados y producciones con Pulpo Producciones.
Para Nemirovsky, el teatro conserva elementos del juego infantil, como la posibilidad de imaginar y probar. “Me he armado toda una vida en la que me hago el boludo con la adultez”, resumió con humor.
En cuanto al juego, consideró que no es una actividad exclusiva de la infancia. Al dar clases, observa cómo personas adultas retoman esa disposición y modifican su manera de mirar el mundo. Recordó una escena de su infancia junto a su hermano, jugando en el living con un arco y flecha. “Me parece que alimenta la creatividad, alimenta varias cosas que, sin sacarle mano a las pantallas – porque yo mismo también vivo un poco inmerso en eso -, me parece que algo de eso hay que tratar de sostener y rescatar”, planteó.
Décadas después, el jingle del Día del Niño ya no le provoca solo vergüenza. También le devuelve la imagen de un chico que creció entre juguetes y que terminó haciendo del juego una parte central de su vida adulta.
