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Gabriel Digerolamo: la kinesiología moderna como pilar del rendimiento deportivo

El kinesiólogo Gabriel Digerolamo explicó en el programa de streaming Saque y Volea cómo la kinesiología dejó de ser reactiva para convertirse en una herramienta estructural en la prevención y recuperación de deportistas de alta competencia y aficionados.

El kinesiólogo Gabriel Digerolamo, con más de dos décadas de trayectoria en el abordaje de deportistas de alta competencia, visitó el programa de streaming Saque y Volea para explicar el rol actual de la kinesiología en el deporte moderno. Durante la entrevista, detalló los criterios de prevención, el trabajo en torneos internacionales y las dinámicas de recuperación aplicadas tanto a profesionales como a aficionados. Digerolamo atiende en su consultorio particular, ubicado en calle Riobamba y Mitre, en Santa Fe.

Un abordaje integral: del codo de tenista al sistema nervioso central

Digerolamo enfatizó que la kinesiología moderna no trabaja sobre zonas aisladas, sino interpretando la globalidad del cuerpo. Al analizar dolencias frecuentes en los deportes de raqueta —como patologías de cadera, muñeca, tobillo o el «codo de tenista»—, remarcó que la evaluación clínica debe profundizar en la estructura nerviosa y muscular subyacente. «El codo de tenista está enrolado como si fuera una sola patología, pero en realidad hay una variedad enorme de acuerdo a la estructura que se compromete: puede ser el tendón, la inserción en el hueso o el hueso mismo. Todo lo que es registro y evaluación que el cuerpo hace de su dolor está manejado por el sistema nervioso central. Hay veces que directamente se empieza trabajando la parte nerviosa como la puerta de entrada a la patología», afirmó.

Esta visión global permite identificar compensaciones mecánicas que el propio paciente desconoce, como ocurre en deportistas que acuden por una molestia localizada cuyo origen responde a una sobrecarga en otra región anatómica.

La revolución de la kinesiología cognitiva y el ejemplo de Enzo Fernández

Uno de los puntos relevantes de la conversación fue el cambio de paradigma en el tratamiento de lesiones complejas, como la ruptura del ligamento cruzado anterior. Digerolamo citó investigaciones con resonancia magnética funcional que demuestran la influencia directa del cerebro en la mecánica del movimiento. «A diferencia de lo que muchos consideran —que la lesión es la que determina la alteración a nivel cognitivo—, se vio en estudios de neuroimagen que lo cognitivo era lo que alteraba la intercoordinación del engrama motor que generaba la lesión. Ya había factores en la intercomunicación cerebral que predisponían a la lesión», aseguró.

Debido a esta evidencia, la kinesiología contemporánea incorporó el entrenamiento neurocognitivo como pilar central del proceso de rehabilitación: «Hoy, en los últimos cuatro o cinco años, la mayoría de los enfoques de rehabilitación que hacemos están enfocados en que la rehabilitación cognitiva sea el modus operandi en el proceso de recuperación y en la puesta a punto máxima del deportista», señaló.

En relación con la resistencia mental en el alto rendimiento, el profesional destacó cómo los futbolistas de élite sostienen esfuerzos físicos extraordinarios gracias a una preparación mental superior, citando un ejemplo de la Selección Argentina: «Nosotros tuvimos un partido que fue el de Enzo Fernández haciendo el gol de cabeza, que hizo un recorrido de 80 o 90 metros a una velocidad límite, a 36 kilómetros por hora aproximadamente, que es el tope de ese jugador. Llegó e hizo ese recorrido en el minuto 92 habiéndose corrido todo antes. Son jugadores con cabezas que manejan esa exigencia y por algo son de alta élite», enfatizó.

La experiencia en el circuito internacional: del US Open a la biomecánica de élite

Iniciado en la profesión a comienzos de los años 2000, Digerolamo ha tratado a deportistas de diversas disciplinas. En 2015 acompañó a la tenista Varvara Lepchenko en el US Open, lo que le permitió observar la labor kinesiológica y biomecánica al más alto nivel mundial. «Tener la posibilidad de ver a Serena Williams entrenar ahí a dos metros, a un metro, y coincidir un día con Roger Federer fue muy atractivo por el tema del análisis de la biomecánica y los gestos. Uno percibe la comparativa: verlos entrenar y ver que en un momento de competencia no modifican su condición. La pegada es la misma, el gesto es el mismo, la intensidad de juego es la misma», expresó.

Asimismo, recordó una anécdota de campo junto a la campeona estadounidense: «Ella se mueve con una comitiva muy grande y su perro. Me tocó que, sin darme cuenta, buscando una pelota y dándome vuelta, me encuentro que tengo el perro paradito ahí atrás del pie. Hago así y digo: ‘Si lo llego a pisar, directamente me sacaban del estadio’», relató.

Criterios kinesiológicos de prevención y recuperación para el deportista amateur

Para los jugadores de club y deportistas de fin de semana, el profesional remarcó la importancia de la concientización kinesiológica: combinar trabajo de fuerza, entrenamiento aeróbico y flexibilidad para evitar que la fatiga derive en descoordinación y lesiones.

Respecto a las técnicas de recuperación muscular y la aplicación de temperatura post-esfuerzo, estableció pautas basadas en el proceso fisiológico de reparación tisular. Ante un cuadro agudo producto de un golpe o lesión reciente, la crioterapia localizada resulta indispensable para bajar el metabolismo celular y contener el proceso inflamatorio. Inmediatamente al finalizar un partido, recomendó priorizar la movilidad articular y el trabajo aeróbico suave para barrer los metabolitos de desecho y soltar la musculatura.

Para las 24 a 48 horas posteriores a la competencia, Digerolamo sugirió incorporar baños de inmersión en frío o técnicas de alternancia térmica con el fin de aliviar la inflamación secundaria y el dolor muscular tardío. «En un proceso de alta carga no aplicamos frío de inmediato. Lo ideal es dejar correr 24 horas, hacer movilidad, un trabajo aeróbico para recuperar el proceso y, entre las 24 y 48 horas, incluir baños de inmersión en frío. En la competencia se rompen fibras; si no se hace una buena puesta a punto post-actividad, queda la ‘resaca’ del desgaste», concluyó.

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