Un estudio conjunto entre la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) y el Conicet analizó las condiciones laborales de quienes producen y venden contenido erótico-sexual en plataformas como OnlyFans. El informe, que incluyó 252 encuestas, describe las características sociodemográficas del sector, los ingresos, las horas de trabajo y las situaciones de violencia digital.
La Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) realizaron un estudio conjunto sobre las condiciones de las personas que ofrecen servicios y contenidos sexuales a través de plataformas digitales. El informe se titula “Elaboración de informe diagnóstico participativo sobre trabajos erótico sexuales en plataformas digitales” y fue coordinado por las investigadoras Deborah Daich y Estefanía Martynowsky.
Según el relevamiento, la actividad se incrementó desde la pandemia de COVID-19 y se intensificó con la crisis económica. El estudio buscó indagar en las características del sector, que según AMMAR suele ser presentado en los medios como una salida económica rápida y sencilla, aunque la organización señala que esa representación no da cuenta de la precariedad laboral, la falta de derechos y la violencia digital que enfrentan quienes la ejercen.
Características de las personas encuestadas
La encuesta recibió 252 respuestas. El 82,9% de las personas se identificó como mujeres (209), el 9,1% como no binario (23), el 8% como varones trans (7), y el resto se distribuyó entre mujeres trans (2), travestis (1) y varones (10). La edad promedio fue de 31 años, con un rango entre 19 y 50 años.
El 76% de las personas encuestadas no tiene hijos y el 65% no tiene otras personas a cargo. En cuanto al nivel educativo, la mayoría tiene estudios terciarios o universitarios (110 incompletos y 63 completos). Solo el 7,1% no finalizó la escuela secundaria. El 43% estudia actualmente, y de ese grupo el 69,9% cursa carreras terciarias, de grado o posgrado.
Respecto de la vivienda, el 12% es propietaria de su hogar, el 62,7% es inquilina y el 22,2% habita una vivienda sin ser dueña ni pagar alquiler.
El 93% de las personas tuvo otros trabajos antes de comenzar a producir y vender contenido erótico-sexual. De ese total, el 66,8% trabajó en el sector informal y el 45,8% en el formal. Los rubros previos más frecuentes fueron comercio (51%), emprendimientos personales (35,5%), gastronomía (34%) y trabajo autónomo profesional (18%).
Solo 4 personas (1,7%) afirmaron haber realizado trabajo sexual presencial, aunque al preguntar explícitamente si lo habían hecho con anterioridad, el número ascendió a 81. El informe indica que esta diferencia podría deberse al estigma social y a la falta de reconocimiento del trabajo sexual como trabajo.
Ingresos y dedicación horaria
El 60,7% de las personas encuestadas trabaja hasta cuatro horas por día, el 23% hasta ocho horas y el 16,3% más de ocho horas diarias. En cuanto a los ingresos, el 20,6% gana alrededor de 500 dólares mensuales, el 17,9% hasta 1.000, el 9,5% hasta 1.500, el 9,1% hasta 2.000, el 4,8% hasta 2.500, el 4% más de 3.000 y el 2,8% hasta 3.000. Un 0,8% manifestó ganar más de 5.000 y un 1,2% más de 7.000 (3 personas). Entre quienes menores ingresos obtienen, un 16,3% refiere entre 0 y 100 dólares mensuales.
El 53,6% combina esta actividad con otros trabajos, de los cuales el 66% son informales y el 38% formales. El 62% de quienes tienen otros trabajos considera que la creación y venta de contenido es su trabajo principal.
Violencia digital y demandas emocionales
El estudio registró situaciones de violencia digital: el 65,5% de las personas encuestadas recibió imágenes sexuales no consentidas, el 43,7% sufrió insultos, el 35,7% acoso y el 36,1% filtración de contenido. También se reportaron estafas (28%), robo de contenido (26,1%), chantaje (14,3%) y amenazas (12,7%).
En el plano emocional, el 61% manifestó burnout, el 56% ansiedad y el 27,8% depresión. Además, el 45,6% señaló problemas con reembolsos de dinero luego de brindar un servicio, el 36% suspensión de cuentas y el 20,2% imposibilidad de retirar dinero.
El 85,3% de las personas encuestadas describió el trabajo como flexible, el 61,5% como emocionalmente exigente, el 58,3% como demandante, el 60,3% como redituable y el 55,6% como divertido. Un 48,8% lo consideró impredecible, un 37,7% complicado y un 35,3% repetitivo.
Organización y representación
El 88,1% de las personas encuestadas consideró que el sector debería tener representación sindical u otro tipo de organización colectiva. Entre las razones mencionadas se destacó la necesidad de luchar por derechos laborales y contar con redes de apoyo.
Myriam Auyeros, referente de AMMAR Rosario, afirmó: “Pasamos las mismas cosas, tanto la universitaria como la mujer de la calle. Y es no tener derecho a lo que una eligió como trabajo”. Auyeros, que trabajó más de 20 años en el rubro y actualmente tiene 63 años, señaló que las jóvenes que se desempeñan en plataformas “tienen un buen pasar económico” y que “son universitarias”, pero que “están empezando a sufrir acoso y retención de su plata”. También sostuvo que “el Estado no hace nada, nosotras nos tenemos que ayudar entre nosotras. No queremos limosnas, queremos los derechos que tiene cualquier trabajador”.
Metodología
El estudio se realizó mediante coinvestigación, con participación activa de las trabajadoras sexuales de AMMAR. Se realizaron entrevistas a nueve mujeres y un varón trans, de entre 26 y 35 años, que comenzaron la actividad antes o durante la pandemia. A partir de las entrevistas se construyó una encuesta que fue distribuida por la organización y publicada en redes sociales.
