El fenómeno climático El Niño ya comenzó y los modelos internacionales indican que podría ser de intensidad fuerte. En Santa Fe y Rosario se esperan lluvias por encima del promedio entre primavera y verano, con posibles crecidas de ríos y arroyos.
La ocurrencia de un “Súper Niño” aún no se puede confirmar, no solo porque ese término no existe oficialmente sino porque todavía no puede determinarse con certeza la intensidad del evento. Pero sí hay algo concreto: El Niño ya está ocurriendo.
Mensualmente, el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima de la Universidad de Columbia (IRI) reúne más de 30 modelos predictivos de diversas agencias y servicios meteorológicos del mundo para comparar los pronósticos sobre la temperatura superficial del océano Pacífico ecuatorial. Actualmente indica que esas aguas ya superan el medio grado en promedio, por lo que El Niño ya está en marcha y se extenderá, al menos, hasta el otoño de 2027.
En julio, la comparación de esos modelos mostró que la temperatura superficial del Pacífico estará entre 1 y 4,5 grados más caliente hacia fin de año. Las predicciones del mismo esquema en junio de 2015 para el verano de 2016, el último episodio de El Niño que impactó con fuerza en Rosario y la región, mostraban que el modelo más pesimista apenas llegaba a 2,5°.
La argentina Celeste Saulo, secretaria General de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), afirmó que “las condiciones de El Niño ya están presentes y se prevé que se intensifiquen rápidamente hasta convertirse en un fenómeno fuerte. Esto aumentará las probabilidades de sequía y lluvias torrenciales, así como el riesgo de olas de calor terrestres y marinas en muchas regiones del mundo”.
A escala local, la doctora en Ciencias de la Atmósfera e investigadora del Conicet Gabriela Müller citó episodios como los de 1982-1983 (anomalía de temperatura del océano Pacífico de +2,2º), 1997-1998 (anomalías de +2,3º a +2,5º) y 2015-2016 (anomalías cercanas a +2,6º), que fueron “muy intensos pero comenzaron a debilitarse rápidamente después del otoño siguiente”. También ocurrieron casos persistentes pero “de intensidad moderada o moderado-débil”, como en 2002-2003, 2004-2005 y 2018-2019.
“La duración depende de un balance entre procesos que alimentan el evento y procesos que lo disipan”, agregó Müller, directora del Centro de Estudios de Variabilidad y Cambio Climático (Cevarcam) de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).
La meteoróloga Vanessa Balchunas sostuvo que “la probabilidad de que el evento sea fuerte es real” y que el fenómeno ya está en marcha: “Ya comenzó ese calentamiento, que no va a bajar porque estamos en un momento en el que las aguas comienzan a calentarse por la época”.
Müller indicó que tanto Rosario como Santa Fe vivirán una mayor probabilidad de precipitaciones por encima de lo normal, sobre todo entre octubre y noviembre. Aclaró que “no significa que lloverá todos los días, sino que en la primavera y el comienzo del verano habrá más chances de finalizar con un acumulado superior al promedio”. Para Rosario, según datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), el promedio histórico es de 118,7 mm para octubre y 108,2 mm para noviembre (período 1991-2020).
Este posible incremento de lluvias traerá consigo la crecida de ríos y arroyos, que podrían combinarse con las lluvias persistentes en la cuenca del Plata. Balchunas señaló que habrá que poner la mirada en cómo se dan las precipitaciones en países vecinos.
La estimación del IRI a julio marca que en el trimestre octubre-noviembre-diciembre se dará el mayor aumento de la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial. “Hoy estamos en torno a 2,1º y los modelos estiman que podemos llegar a entre 2,5º y 2,9º e incluso superarlos, pero no de manera permanente”, afirmó Balchunas.
Müller añadió que otros factores como las temperaturas del océano Atlántico tropical y subtropical, el Modo Anular del Sur y la Oscilación Madden-Julian pueden reforzar o atenuar El Niño. “Las medidas de adaptación nos permiten prepararnos para convivir con un clima más variable y con eventos extremos más frecuentes o intensos”, afirmó.
En cuanto al cambio climático, Müller explicó que “varios estudios sugieren que, en un clima más cálido, podría aumentar la frecuencia de los llamados ‘El Niño extremos’”. “Una atmósfera más cálida puede contener un 7% más de vapor de agua por cada grado de calentamiento, lo que favorece precipitaciones más intensas”, señaló.
