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Repartidores de plataformas digitales en Rosario: flexibilidad, organización colectiva y reclamos de protección

En el marco del debate internacional sobre derechos laborales en plataformas digitales, repartidores rosarinos describen su experiencia laboral. Valoran la flexibilidad horaria, pero reclaman mayor protección y construyen formas de organización colectiva.

Mientras la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aprobó un convenio para establecer estándares mínimos para quienes trabajan mediante plataformas digitales, repartidores de Rosario compartieron su experiencia en entrevistas. Ninguno de los consultados se definió como “colaborador”; todos se identificaron como trabajadores.

La flexibilidad fue mencionada como uno de los principales beneficios: la posibilidad de elegir cuándo conectarse, administrar horarios y combinar la actividad con otras responsabilidades. Algunos llegaron tras perder un empleo formal; otros buscaron una fuente de ingresos sin jornada fija. Sin embargo, esa autonomía tiene límites: en promedio trabajan ocho horas diarias, aunque conocen compañeros que utilizan el máximo permitido por algunas aplicaciones (13 horas de conexión). Todos trabajan de lunes a lunes.

La organización del tiempo convive con la necesidad de permanecer muchas horas disponibles para alcanzar ingresos suficientes. Los repartidores desarrollan estrategias: conocen qué aplicación ofrece mejores incentivos en determinados momentos, alternan entre plataformas para maximizar ingresos y persiguen bonificaciones por cantidad de entregas. Reorganizan sus jornadas según horarios de mayor demanda o eventos especiales. Uno de ellos relató haber trabajado durante un partido de la Selección Argentina para obtener mayores ganancias.

Pese a que las plataformas presentan el empleo como individual, los repartidores construyen vínculos colectivos. En Rosario, puntos como Paseo Pellegrini y Paseo del Siglo funcionan como lugares de encuentro donde esperan pedidos, descansan e intercambian información. Ninguno mencionó competencia; todos se reconocen como compañeros de trabajo.

Un grupo de repartidores decidió organizarse para reclamar mejores condiciones laborales. Tras dialogar con la Municipalidad de Rosario, consiguieron un espacio señalizado para estacionar motos y bicicletas durante las esperas. Antes, ocupaban veredas y recibían reclamos de vecinos e incluso agresiones. Hoy cuentan con un lugar donde muchos dejan sus vehículos sin cadenas ni alarmas, confiando en que otros repartidores los cuidan.

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