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Trabajo: la realidad de las provincias es más dura que las cifras nacionales

En ocho provincias, la presión laboral supera el promedio nacional, según un informe de la Fundación Mediterránea. El estudio analiza la dimensión territorial de los datos del mercado de trabajo difundidos por el Indec.

En ocho provincias, la presión laboral supera el promedio nacional, reflejando una situación en la que una proporción significativa de la población económicamente activa se encuentra desocupada, busca otro empleo o necesita trabajar más horas para complementar ingresos. Así lo subrayó la Fundación Mediterránea en un informe que pone el foco en la dimensión territorial de los datos del mercado de trabajo difundidos el lunes por el Indec.

Las economistas Laura Caullo y Guadalupe Galindez, autoras del estudio, explicaron que la presión laboral incorpora una dimensión que la tasa de desempleo no logra reflejar y está vinculada con “la insuficiencia de ingresos”. La proporción de trabajadores que continúa buscando empleo, más horas de trabajo o ingresos adicionales es “una variable relevante para entender cómo la sociedad evalúa la marcha de la economía y, en consecuencia, la gestión de los distintos gobiernos”.

Si bien los datos del primer trimestre de 2026 muestran que, en materia laboral, el partido prácticamente sigue empatado respecto de un año atrás, la proporción de desocupados, más aquellos que buscan otro empleo o desean trabajar más horas, se mantuvo elevada, en 23,6% de la población económicamente activa. Esto equivale a más de 5,3 millones de personas.

Pero tan importante como observar cuántos trabajadores enfrentan dificultades para conseguir empleo o complementar ingresos es mirar cuántas personas permanecen fuera del mercado de trabajo.

De la combinación entre presión laboral y tasa de inactividad surgen realidades muy diferentes entre provincias. Por caso, Córdoba, el interior de la provincia de Buenos Aires y La Pampa, combinan una alta participación en el mercado de trabajo pero también una gran proporción de trabajadores desocupados o de ocupados que buscan otro empleo o más horas de trabajo.

En el caso del NOA, representado por Tucumán y Catamarca, la elevada presión laboral convive con menores tasas de participación y una estructura productiva con mayor peso relativo del empleo público y actividades de menor productividad.

Los partidos del Gran Buenos Aires presentan una problemática distinta. Allí, la elevada presión laboral se explica principalmente por mayores niveles de desempleo y una fuerte competencia por los puestos de trabajo en un contexto de elevada densidad poblacional. Mendoza y San Juan, por su parte, aparecen en una situación intermedia, con mercados laborales más dinámicos que los del norte argentino, pero con niveles de participación inferiores a los observados en las provincias centrales.

Por su parte, Caba, Santa Fe (la provincia tiene dos grandes aglomerados y uno que comparte con Buenos Aires) y Jujuy combinan bajo desempleo relativo, con elevada participación económica. Finalmente, Río Negro, Santiago del Estero, Formosa y Chubut combinan menor presión laboral con tasas de inactividad elevadas. “En estos casos, una menor tensión laboral no necesariamente implica un mercado de trabajo más saludable”, indicaron desde la Mediterránea.

Diversificación o concentración

La distribución geográfica tampoco parece ser casual. Las provincias centrales, con una estructura productiva más diversificada y mayores tasas de participación, tienden a concentrarse en los cuadrantes más intensos de actividad y presión laboral. Por su parte, la Patagonia, favorecida por actividades transables vinculadas a hidrocarburos, minería y energía, presenta en general menores niveles de presión laboral, aunque en algunos casos acompañados por mayores tasas de inactividad. En tanto, parte del norte argentino combina una menor participación laboral con estructuras productivas menos diversificadas.

El informe aclara que, aun quienes logran conseguir empleo enfrentan un segundo desafío, que es la calidad de la inserción laboral. La tasa de informalidad alcanzó al 44,2% de los ocupados en el primer trimestre de 2026, lo que equivale a 9,2 millones de trabajadores y consolida una tendencia creciente observada desde 2024. “Así, el desafío ya no pasa solamente por generar empleo, sino también por mejorar su calidad”, agrega.

La pérdida de calidad también se observa en el empleo registrado. Entre el primer trimestre de 2025 y el primer trimestre de 2026 se perdieron 100 mil puestos asalariados privados y 21 mil empleos públicos, mientras que el número de monotributistas aumentó en aproximadamente 90 mil personas.

“La persistencia de elevados niveles de presión laboral, el aumento de la informalidad y la pérdida de puestos asalariados privados reflejan que la principal deuda pendiente continúa siendo la generación de empleo de calidad e ingresos suficiente”, concluye la Fundación Mediterránea.

Precariedad laboral

Un análisis del Centro de Economía Política (Cepa) coincide en señalar que el crecimiento de la precariedad laboral y el aumento de la presión sobre el mercado de trabajo se consolidan como una tendencia en el mercado de trabajo. Esto en el marco de un sesgo contractivo, ya que la tasa de desocupación, si bien se mantiene en valores similares al del mismo trimestre del año anterior (7,8%), consolida el incremento registrado desde 2023, de 0,9 punto porcentual.

Según datos de la Secretaría de Trabajo, entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 se perdieron 216.321 empleos privados registrados (-3,4%), y se dieron 165.542 altas en el régimen de monotributo (+8%), confirmando que “los empleos perdidos, son reemplazados parcialmente con actividades desprotegidas”, señaló el centro de estudios.

“La presión global sobre el mercado de trabajo mostró un incremento interanual (+3,5%), explicada por un sensible incremento en la subocupación y una caída de la búsqueda de empleo entre quienes ya trabajan”, indicó el Cepa. En un escenario contractivo, esta disminución suele estar asociada al desaliento ante la escasez de oportunidades de calidad.

El aumento de la tasa de empleo no registrado hasta el 44,2% constituye una señal del deterioro. La suba de 3,4 puntos porcentuales respecto de 2023 muestra que una porción cada vez mayor de los trabajadores se inserta en ocupaciones precarias y sin protección social.

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