Cada 20 de junio, miles de personas se reúnen frente al Monumento Nacional a la Bandera en Rosario. Una pregunta recurrente es qué ocurrió con la bandera de 20 kilómetros que durante años recorrió la ciudad sostenida por miles de manos.
La respuesta remite a una de las experiencias colectivas más singulares de la historia reciente de Rosario. Se llamó Alta en el Cielo, fue impulsada por el periodista rosarino Julio Vacaflor y llegó a convertirse en la bandera más larga del mundo, con más de 20 kilómetros de extensión.
Durante 14 años fue protagonista indiscutida de los festejos por el Día de la Bandera. Sin embargo, en 2012 tuvo su último desfile y desapareció del paisaje urbano. No por abandono ni por falta de apoyo, sino porque así había sido concebida desde el principio.
Un sueño nacido en tiempos de crisis
La historia comenzó el 3 de junio de 1999, en una Argentina atravesada por el desempleo, el desgaste de la convertibilidad y una creciente fragmentación social. Vacaflor, por entonces conductor del programa radial infantil «La Mamadera», buscaba una iniciativa capaz de transmitir un mensaje de unidad y solidaridad.
Años después recordaría que la idea surgió tras recibir ayuda de un amigo para resolver un problema personal. Esa experiencia lo llevó a imaginar una bandera que sólo pudiera desplegarse mediante el esfuerzo colectivo. «Pensé en generar algo que nos uniera a todos los argentinos y nos ayudara a tomar conciencia de que con la solidaridad y el apoyo de todos las cosas pueden solucionarse», explicó.
El objetivo inicial era modesto: confeccionar una bandera de entre 1.500 y 2.000 metros para exhibirla en 2012, año en que se cumplirían dos siglos de la creación de la enseña patria por parte de Manuel Belgrano. La realidad superó cualquier expectativa.
Cómo se construyó la bandera más larga del mundo
El proyecto consistía en convocar a escuelas, instituciones y ciudadanos de todo el país para donar trozos de tela celeste y blanca. La primera presentación, en 1999, tuvo apenas 130 metros. Pero las donaciones comenzaron a multiplicarse. Llegaban paquetes desde pueblos remotos de Argentina, ciudades del exterior y comunidades de argentinos repartidas por el mundo. Cada retazo tenía una historia. Muchos incluían nombres de escuelas, mensajes, dedicatorias o firmas.
Las encargadas de unirlos eran las llamadas «Damas Costureras», un grupo de voluntarias que trabajaba durante semanas en el Patio Cívico del Monumento y el Propileo. Allí montaban largas filas de máquinas de coser y confeccionaban la gigantesca bandera que crecería año tras año. El proceso evocaba inevitablemente a María Catalina Echevarría de Vidal, la rosarina que confeccionó la primera bandera nacional a pedido de Manuel Belgrano en 1812.
El fenómeno que transformó el Día de la Bandera
Con el tiempo, Alta en el Cielo dejó de ser un proyecto escolar para convertirse en un fenómeno social. Cada 20 de Junio miles de personas llegaban a Rosario para sostener un tramo de la bandera. Niños, jubilados, familias enteras, turistas y delegaciones de distintas provincias participaban del desfile. La insignia recorría las calles cercanas al Monumento convertida en una enorme construcción colectiva donde no importaban las diferencias políticas, sociales o económicas.
El propio chozno nieto de Manuel Belgrano llegó a participar del proyecto realizando algunas de las primeras puntadas sobre la tela. La iniciativa recibió reconocimientos locales, nacionales e internacionales y fue declarada de interés cultural y educativo por el Concejo Municipal de Rosario.
El último desfile
Aunque el crecimiento parecía no tener límites, el proyecto tenía una fecha de cierre definida desde el comienzo. Vacaflor siempre sostuvo que Alta en el Cielo concluiría en 2012, cuando se celebrara el Bicentenario de la creación de la Bandera. Ese año se realizó el último desfile. Para entonces la insignia ya superaba los 20.000 metros de longitud. La puesta en escena fue monumental. La bandera ingresó al Monumento desde tres puntos distintos de la ciudad – Córdoba, Buenos Aires y avenida Belgrano – hasta unificarse en el Patio Cívico. Fue la culminación de una experiencia que había atravesado más de una década y movilizado a miles de personas.
Qué pasó con la bandera
Tras el acto final, la enorme bandera no fue guardada en un depósito ni quedó archivada en algún museo. Por decisión de los organizadores, comenzó un proceso de fragmentación y distribución. Los distintos tramos fueron entregados a escuelas, hospitales, instituciones públicas y organizaciones de todo el país para que continuaran cumpliendo una función social. La idea era que el símbolo siguiera vivo en distintos rincones de Argentina y no permaneciera inmovilizado en un único lugar. «Alta en el Cielo fue concebida como un sueño mínimo con final abierto», había explicado Vacaflor al anunciar el cierre del proyecto.
Una ausencia que todavía se extraña
Catorce años después de aquel último desfile, la bandera más larga del mundo sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva de Rosario. Cada Día de la Bandera reaparecen las fotos, los recuerdos y las preguntas sobre aquella inmensa tela celeste y blanca que avanzaba por las calles sostenida por miles de personas. La bandera ya no existe como una pieza única. Pero su legado permanece disperso en escuelas, hospitales e instituciones de todo el país y, sobre todo, en la memoria de quienes alguna vez caminaron bajo sus colores frente al Monumento Nacional a la Bandera.
