Una psicóloga analiza los patrones de violencia machista en Santa Fe y las herramientas disponibles para prevenir desenlaces fatales.
El país sufre un femicidio cada 33 horas. En Santa Fe, tres casos recientes en Rosario, Murphy y la zona sur provincial exponen un patrón común: agresores que atacan a sus parejas o exparejas y luego se suicidan. La doctora en Psicología Marta Fernández Boccardo analiza el fenómeno y las vías de prevención.
“La violencia simbólica de género —palabras, gestos, calificaciones— construye una dominación asimétrica. Las masculinidades violentas están fomentadas, incluso desde discursos oficiales, y se han desmantelado organismos de protección”, explica la experta rosarina. “El femicidio es la punta del iceberg”, advierte.
Fernández Boccardo señala que el control y los celos son indicios tempranos. “El violento aísla a la mujer, baja su autoestima, la separa de amigas y familia. Es vital tener una red de contención para detectar estas señales”. La especialista recomienda buscar protección en el círculo cercano, no realizar denuncias en soledad y acudir a profesionales de la salud mental, aunque advierte que el acceso a servicios públicos de asistencia está restringido por desfinanciamiento.
“Cuidarse entre mujeres es la mejor receta; no dejar nunca a las amigas como pretende el violento”, concluye la psicóloga, quien también destaca la importancia de reconocer todas las violencias —económica, epistémica, vicaria— para evitar la escalada hacia la violencia física.
