El director rosarino Alejandro Leguizamón estrena este viernes 8 de mayo en la sala Tandava una nueva obra que explora la huella emocional que dejamos en quienes nos recuerdan.
El prolífico director, dramaturgo y docente rosarino Alejandro Leguizamón vuelve al ruedo en este mes de mayo con un nuevo estreno. Se trata de El día que faltemos, un material que desde sus metáforas intenta un diálogo con un presente aciago, dado que se adelanta como una obra sobre lo que queda, sobre quiénes se quedan, y sobre la persistencia, “a pesar de todo”.
La propuesta, que se conocerá el viernes 8 de mayo en la sala Tandava donde seguirá en cartel los restantes viernes del mes, cuenta con idea y dirección de Alejandro Leguizamón, asistencia de dirección de Lucía Boero y las actuaciones de Lautaro Zencic, Alan Cardona y Esteban Ameriso, con vestuario de Lorena Fenoglio, construcción de objetos, títeres y escenografía de Teatrón Artes Escénicas, y fotografía de Juan Pablo Giordano.
“El día que faltemos es una obra de teatro que explora la memoria, la ausencia y los lazos invisibles que dejan las personas cuando ya no están. La historia sigue a tres hermanos que, tras las pérdidas, habitan la vieja casa donde crecieron en el humedal alejados de todos y separados por un río. A lo largo de una noche cargada de silencios y recuerdos, salen a la luz secretos, culpas y afectos no dichos. Entre lo real y lo simbólico, ellos tres enfrentan la pregunta inevitable: «¿Qué queda de nosotros en los otros cuando ya no estamos?»”, plantea Leguizamón.
El creador, que entre otros trabajos tiene en su haber las obras Obsidemus, Últimos y Las cenizas de Samuel, sostiene que “esta obra invita a reflexionar sobre la huella emocional y simbólica que dejamos y la forma en que seguimos existiendo en quienes nos recuerdan”, particularmente en un tiempo donde la memoria se volvió frágil en un país donde tiene un peso específico.
“En un tiempo donde la velocidad parece arrasar con la memoria, El día que faltemos se instala como un gesto escénico de resistencia: una obra que se pregunta, con sensibilidad y humor contenido, qué queda de nosotros cuando ya no estamos, y quiénes sostienen ese resto. Para eso, la puesta construye un universo poético profundamente arraigado en lo cotidiano. No se trata de grandes acontecimientos, sino de pequeños rituales: una conversación interrumpida, un objeto heredado, un silencio compartido en la siesta. Desde allí, la obra despliega una dramaturgia que oscila entre lo íntimo y lo colectivo, donde la ausencia no es el vacío sino materia viva que reorganiza vínculos, espacios y memorias”, agrega.
El universo poético de Leguizamón se reconoce en su insistencia por trabajar con lo aparentemente mínimo, la presencia de los objetos como opción dramática y actores ligados a sus propios cuerpos totalmente comprometidos con el relato que transitan, apoyado en lo macro de la escena. “Hay una mirada, una ética de lo cercano: cuerpos que se afectan, palabras que llegan tarde, gestos que se repiten, como si en esa repetición se jugara la posibilidad de permanecer, de ser y estar. La escena se vuelve entonces un territorio, identidad, presente donde el tiempo no es lineal, sino que se pliega y se despliega en lo imaginario y lo extracotidiano, se detiene y se expande, habilitando la aparición de lo onírico sin necesidad de subrayados”, destaca.
“En El día que faltemos –cierra el artista–, esa poética se profundiza a partir de una atmósfera litoraleña, húmeda y desolada que atraviesa la obra sin volverse postal. El calor, la quietud, la densidad del aire, el ritmo de la espera: todo compone una sensibilidad donde la vida y la muerte no se oponen, más bien dialogan y se bailan un chámame, conviven en un mismo pulso. La presencia del río, aunque no siempre visible, se intuye como fondo simbólico: flujo constante, memoria en movimiento, horizonte que llama y a la vez se retira. Lejos de caer en el dramatismo solemne, la obra encuentra en el humor una forma de resistencia. Un humor leve, a veces absurdo, que permite respirar en medio de la pérdida y que revela, con ternura, las estrategias humanas para seguir adelante. El día que faltemos no ofrece respuestas cerradas. Propone, en cambio, una experiencia, la de habitar el tiempo de la ausencia, de mirar de cerca aquello que solemos esquivar, y de reconocer, en ese gesto, una forma posible de comunidad”.
El día que faltemos tendrá su estreno el viernes 8 de mayo, a las 21, en la sala Tandava (9 de Julio 754), donde seguirá en cartel los restantes viernes del mes (15, 22 y 29). Las reservas de entradas se realizan a través del WhatsApp 3404508749. IG: @eldiaquefaltemos.obra
