Investigaciones y casos documentados en India, Estados Unidos y Argentina describen la creación y difusión de imágenes sexuales falsas de estudiantes mediante inteligencia artificial. Un informe de UNICEF, ECPAT e Interpol estimó que al menos 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes declararon haber sido víctimas de deepfakes sexuales en el último año.
En Faridabad, India, un joven de 19 años se suicidó tras ser chantajeado con imágenes manipuladas mediante inteligencia artificial de él y de sus tres hermanas adolescentes. En 2023, Francesca Mani y decenas de sus compañeras de la escuela secundaria de Westfield, Nueva Jersey, sufrieron crisis de ataques de pánico, autolesiones e intentos de suicidio cuando sus compañeros crearon y difundieron un catálogo con fotografías de ellas desnudas generadas con IA. Francesca contó públicamente el impacto psicológico de la difusión de esas imágenes y cómo algunos de sus compañeros se reían mientras las estudiantes atravesaban esas crisis. En Argentina, uno de los casos más graves ocurrió en Córdoba: un joven de 18 años fue enviado a juicio tras manipular fotografías de más de veinte compañeras y publicarlas en sitios pornográficos, identificándolas con sus nombres reales y sus perfiles en redes sociales.
La creación y difusión de deepfakes sexuales hechos con inteligencia artificial en colegios constituye un fenómeno de alcance internacional que afecta especialmente a mujeres adolescentes. Un estudio de UNICEF, ECPAT e Interpol, realizado en once países, estimó que al menos 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes declararon que sus imágenes habían sido manipuladas mediante IA para producir deepfakes sexualmente explícitos durante el último año. En algunos de los países relevados, esto equivale a uno de cada 25 chicos.
En Argentina, una encuesta nacional de Fundación Huésped y Pulsar.UBA encontró que cuatro de cada diez estudiantes reportaron situaciones de circulación de imágenes sin consentimiento. Además, el 15% de los docentes consultados presenció situaciones de generación o circulación de imágenes, audios o videos falsos mediante IA. Escándalos en escuelas de Buenos Aires, Córdoba y Tucumán mostraron cómo grupos de chicos desnudaban digitalmente a sus compañeras para viralizar las imágenes en chats.
La humillación como forma de disciplinamiento
Reducir este fenómeno a una búsqueda de satisfacción sexual sería un error: en muchos casos, se trata de un acto de violencia, humillación y disciplinamiento de las mujeres. Una suerte de lapidación digital, en la que la imagen sexualizada funciona como un instrumento para castigar, exponer y destruir públicamente la reputación de una compañera.
Una investigación publicada en 2025 en el Journal of Interpersonal Violence, basada en 25 entrevistas a personas adultas de Australia —diez que habían cometido este tipo de abusos y quince que los habían sufrido—, analizó las motivaciones de los agresores y las formas de justificación de sus conductas. El trabajo recurrió a teorías sobre el apoyo entre pares masculinos y la construcción de vínculos entre varones para explicar cómo algunos agresores minimizan el daño, se desligan de la responsabilidad y encuentran justificaciones para sus actos. Compartir las imágenes, provocar risas y recibir la aprobación de los compañeros puede funcionar como una forma de reafirmar la propia masculinidad a costa de la humillación de una mujer. En la misma dirección, una revisión de 68 investigaciones publicada en 2025 en Trauma, Violence, & Abuse describió la difusión no consentida de imágenes íntimas como una práctica vinculada con la construcción de vínculos entre varones, la cosificación de las mujeres y el sexismo. La víctima no es solamente alguien cuya intimidad fue vulnerada: puede convertirse en el objeto sobre el que un grupo ejerce poder y frente al cual sus integrantes demuestran complicidad.
De la frustración sexual al resentimiento misógino
El psicólogo Adam Lankford desarrolló en 2021 una teoría sobre la relación entre frustración sexual, agresividad y violencia, publicada en el Journal of Criminal Justice. Según su hipótesis, los deseos sexuales insatisfechos, la imposibilidad de acceder a una pareja deseada y las experiencias sexuales frustrantes pueden alimentar conductas de búsqueda de alivio, poder, venganza o desplazamiento de la agresividad.
Una revisión sobre las comunidades incel publicada en 2022 por Brandon Sparks, Alexandra Zidenberg y Mark Olver retomó esta explicación. Los autores señalan que la frustración puede intensificarse cuando el individuo interpreta que no conseguir una relación es una injusticia, siente que esa situación deteriora su autoestima o responsabiliza a otra persona por su insatisfacción. Los propios investigadores advierten que esta teoría no permite explicar por qué solo una pequeña proporción de quienes se identifican como incels lleva adelante actos violentos.
El negocio del algoritmo incel
En diálogo con Perfil, la investigadora y experta en datos Ivana Feldber analizó la existencia de un negocio detrás de la misoginia. Según Feldber, los adolescentes se encuentran con el ecosistema digital que interpreta su frustración y la convierte en una identidad.
Una investigación del Anti-Bullying Centre de la Universidad de Dublin City, titulada Recommending Toxicity, examinó cómo TikTok y YouTube Shorts recomendaban contenidos a cuentas experimentales que simulaban adolescentes varones. Los investigadores encontraron que las recomendaciones podían conducir progresivamente hacia contenidos de la llamada manósfera, discursos antifeministas y mensajes que exaltaban modelos rígidos de masculinidad. En un experimento independiente de University College London, realizado en 2024, la proporción de videos misóginos recomendados por TikTok pasó del 13% al 56% en apenas cinco días.
Manfluencers: convertir la inseguridad masculina en un negocio
En ese recorrido aparecen los llamados manfluencers, creadores de contenido que construyen audiencias masculinas alrededor de discursos sobre seducción, éxito económico, musculación, disciplina y superioridad masculina. El rechazo amoroso, la soledad, la precariedad económica o la inseguridad física dejan de ser problemas que requieren respuestas complejas y se convierten en pruebas de que el joven está siendo perjudicado por el feminismo, las mujeres o una sociedad que ya no reconoce el valor de los varones.
La periodista Gaby Hinsliff, columnista de The Guardian, describió parte de este mecanismo en 2022, cuando escribió sobre cómo ciertas subculturas digitales ofrecen a los varones resentidos una explicación tranquilizadora: alguien —las feministas, los inmigrantes o las élites progresistas— les habría robado el estatus que creen merecer. En octubre de 2024 fue más explícita al analizar el negocio de Andrew Tate. En su artículo «Yes, Andrew Tate is a misogynist, but his real game is exploiting men’s vulnerabilities for cash», explicó cómo el influencer utiliza la misoginia para viralizar sus publicaciones y captar a varones inseguros, a quienes primero hace sentir fracasados y luego les vende una solución. Tate ofrecía cursos y acceso a su comunidad Hustler’s University por 49,99 dólares mensuales.
Una revisión de investigadores de la Universidad Nacional Australiana, Deakin University, Dublin City University y Queensland University of Technology, publicada en diciembre de 2025, describió a la manósfera como una industria transnacional de lucro. Sus autores explican que el fenómeno dejó de ser un conjunto marginal de comunidades de derechos masculinos, seducción e incels para convertirse en un ecosistema comercial más amplio, liderado por influencers que venden asesoramiento financiero, físico y sentimental.
Las aplicaciones que convierten los deepfakes en un mercado
Detrás de esta maquinaria discursiva existe, además, una infraestructura técnica al alcance de cualquier celular. Herramientas para desnudar imágenes, intercambiar rostros o generar videos sexualizados se comercializan mediante suscripciones, créditos y micropagos. En paralelo, algunas aplicaciones esconden funciones de desnudez digital detrás de servicios que se presentan como editores de fotografías o generadores de avatares.
En diciembre de 2023, una investigación de la empresa de análisis de redes sociales Graphika detectó que los enlaces que publicitaban aplicaciones para desnudar imágenes mediante inteligencia artificial habían aumentado más de un 2.400% en redes sociales desde comienzos de ese año. La empresa estimó que esos sitios recibieron 24 millones de visitas solamente durante septiembre.
La participación de las grandes plataformas también quedó documentada. En abril de 2026, una investigación del Tech Transparency Project identificó 95 aplicaciones capaces de generar desnudos falsos o imágenes sexualizadas en las tiendas de Apple y Google. Según datos de una empresa de analítica móvil citados por el informe, esas aplicaciones acumulaban 483 millones de descargas y más de 122 millones de dólares de ingresos durante su vida comercial. La investigación encontró, además, que algunas aparecían en los resultados de búsqueda y en espacios publicitarios de las propias tiendas. En octubre de ese año, una nueva investigación del mismo organismo comprobó que cuentas de prueba registradas como usuarios de 13 años podían encontrar y descargar 135 aplicaciones de desnudos con IA, incluso con controles parentales activados. En conjunto, las aplicaciones identificadas en esa segunda investigación acumulaban 5.500 millones de descargas y habían generado 3.900 millones de dólares de ingresos.
El alcance de la pornografía sintética
El informe State of Deepfakes 2023, de la firma Home Security Heroes, estimó que el 98% de los videos deepfake que circulaban en internet eran pornográficos y que el 99% de las personas representadas en ellos eran mujeres. Además, la cantidad de videos pornográficos de este tipo aumentó un 464% entre 2022 y 2023. La Internet Watch Foundation documentó casos de menores cuyas imágenes fueron manipuladas para producir desnudos falsos y utilizadas para amenazarlos o extorsionarlos. La organización también encontró que estas herramientas aparecían recomendadas en manuales destinados a facilitar la explotación sexual infantil.
Trad Wives: la otra cara comercial del conservadurismo de género
La reacción de algunos jóvenes varones al avance del feminismo se encontró con las propias frustraciones de esta etapa vital y se articularon en comunidades digitales promovidas por empresas y creadores de contenido que hicieron un negocio del resentimiento. Allí conviven el movimiento incel, otras expresiones de la manósfera y discursos de la derecha radical. No son exactamente lo mismo, ni todos sus integrantes comparten las mismas ideas o prácticas. Pero pueden coincidir en una operación: convertir la frustración masculina en una explicación política que responsabiliza a las mujeres por los problemas de los varones.
Algunas creadoras de contenido, conocidas como Trad Wives, promueven modelos tradicionales de feminidad y rechazan los postulados feministas. Estas creadoras critican a las feministas y se presentan como el tipo de mujer que los hombres verdaderamente deberían elegir. El fenómeno fue estudiado por las investigadoras Sophia Sykes y Veronica Hopner en un artículo publicado en 2024 en el Journal of Contemporary Ethnography. A partir del análisis de 36 perfiles durante diez meses, las autoras describieron cómo estas creadoras convierten la estética de la esposa tradicional y el rechazo al feminismo en una identidad comercial. La investigación identificó distintas formas de monetización: ingresos publicitarios, acuerdos con marcas, promociones, asociaciones comerciales y pequeños emprendimientos digitales.
En Argentina, el fenómeno Trad Wife no alcanzó la misma visibilidad masiva que en Estados Unidos. Entre los obstáculos aparecen la dificultad económica de sostener un hogar de clase media con un solo ingreso y la profunda inserción laboral y cultural de las mujeres. Sin embargo, la misma pulsión reaccionaria y antifeminista existe y adoptó formatos locales adaptados a la coyuntura del país. Es una versión latinoamericana y capitalista del conservadurismo de pareja: influencers que venden cursos y consejos en Instagram y TikTok bajo la premisa de «atraer a un hombre proveedor», divulgando conceptos como «sanar tu energía femenina», dejar que el varón tome el control económico y rechazar la «masculinización» que, según ellas, produjo el feminismo en las mujeres.
La frustración adolescente como oportunidad de negocio
La adolescencia es un momento frustrante. La salida fuera del círculo familiar y el encuentro con los pares, que pueden querer o no ser tus amigos o pareja, es algo complejo durante toda la vida, y más aún cuando faltan experiencia y estabilidad emocional. En esa etapa, se puede ayudar a los jóvenes a madurar para que intenten satisfacer sus anhelos y deseos en un encuentro genuino con el otro. O se puede aprovechar esa frustración, ofrecerles una explicación maniquea del mundo y convertirlos en consumidores de una industria que les promete recuperar una masculinidad que supuestamente perdieron.
