El diputado provincial y pastor evangélico por el partido UNO, Walter Ghione, repasó su recorrido político dentro del frente Unidos, desde los prejuicios iniciales en la Legislatura provincial hasta su trabajo territorial en barrios atravesados por el narcodelito. En diálogo con el stream El Ciudadano Política, el dirigente evaluó el impacto del plan económico de Javier Milei en las pymes y sectores vulnerables, y tomó distancia de una posible integración de La Libertad Avanza a la coalición oficialista santafesina. Además, reflexionó sobre el rol que podrían tener en la arena electoral figuras religiosas como Dante Gebel o Leda Bergonzi, y explicó cómo, frente a la crisis económica actual, las iglesias reciben las demandas habitacionales y sociales que el Estado no logra contener.
Por Luciana Mangó y Daniel Zecca
El diputado provincial y pastor evangélico por el partido UNO, Walter Ghione, repasó su recorrido político dentro del frente Unidos, desde los prejuicios iniciales en la Legislatura provincial hasta su trabajo territorial en barrios atravesados por el narcodelito. En diálogo con el stream El Ciudadano Política, el dirigente evaluó el impacto del plan económico de Javier Milei en las pymes y sectores vulnerables, y tomó distancia de una posible integración de La Libertad Avanza a la coalición oficialista santafesina. Además, reflexionó sobre el rol que podrían tener en la arena electoral figuras religiosas como Dante Gebel o Leda Bergonzi, y explicó cómo, frente a la crisis económica actual, las iglesias reciben las demandas habitacionales y sociales que el Estado no logra contener.
—Tu partido UNO pertenece a la coalición oficialista que se ha mantenido homogénea frente a un aliado como el socialismo con el que, quizás, resulta más difícil de imaginar compartiendo espacio…
—Fue un gran desafío. Me gusta trabajar en un frente tan amplio porque hemos tenido riquísimos debates internos en un montón de temas y me gusta no morir con mi posición solamente, sino tener un ida y vuelta hasta lograr consenso. Eso fortalece muchísimo a la política y a la sociedad. Queda por ver cómo nos podemos poner de acuerdo aquellos que pensamos completamente distinto para beneficio de la sociedad y para el bien común, porque de eso se trata la política.
—De esta diferenciación entre espacios, ¿recordás alguna discusión que haya sido enriquecedora?
—Me pasó algo muy interesante que marcó un antes y un después para que hoy pueda integrar un frente de estas características. Lo primero que tenés que enfrentar son los prejuicios. Yo pertenecí siempre a una minoría religiosa como es la Iglesia evangélica. En la escuela primaria me discriminaban porque mis padres eran pastores. Mis padres me decían: «Estamos en ese contexto, hay que ponerle el pecho y salir adelante. Hay que trabajar para que esto cambie y darse a conocer». Cuando ingreso por primera vez a la Cámara de Diputados, me encuentro con un prejuicio gigante, más porque entramos con el pañuelo celeste en una discusión fuertísima que fue en el año 2018 con el primer debate sobre la ley de aborto. Fue la primera vez en la historia de Argentina que la Iglesia Evangélica salía a las calles por un tema netamente político. Desde entonces, entendimos que teníamos que empezar a trabajar y fue así que entramos con Amalia Granata a la Cámara de Diputados. Todos se preguntaban qué hacía un pastor evangélico. Tuvimos una pandemia, así que recién al año y medio empezamos a tener cierta relación con los demás legisladores. Todos tenían ese prejuicio. Empezamos a charlar y empezaron a conocerme, pero mis proyectos de ley no avanzaban. Muchos tenían que ver con fortalecer la identidad y visibilizar el trabajo de las iglesias evangélicas. El proyecto que tenía era muy simple: el 31 de octubre se celebra lo que definimos como el día de la reforma protestante, tras la cual vino la organización de diferentes instituciones y comunidades evangélicas. Queríamos que el 31 de octubre, que ya estaba declarado como día de la reforma protestante, sea el día de las iglesias evangélicas, pero no avanzaba. Charlé con Carlos Del Frade de algunas cuestiones históricas de las escrituras. Le expliqué la diferencia entre la Biblia católica y la evangélica y le ofrecí regalarle una de las nuestras. Se la llevé tapada porque era una cuestión entre él y yo. En una reunión parlamentaria, me pregunta delante de todos los presidentes de bloque si le había llevado la Biblia. El resto comenzó a pedirme una. Para mí fue clave porque me dieron la posibilidad de declarar el 31 de octubre como día de las Iglesias Evangélicas y lograr que Santa Fe sea una de las primeras provincias en contar con esa fecha. Rompimos una cuestión prejuiciosa y hoy tenemos un excelente diálogo.
Así nació también la relación con Maximiliano Pullaro, cuando comencé a llevarlo a un montón de iglesias evangélicas de la periferia. Quedó muy impactado con el trabajo de las comunidades para ayudar a las familias vinculadas al narcodelito, a las que a veces estigmatizamos. Podíamos mostrarle que había una salida totalmente diferente. Todo fue derribar prejuicios hasta llegar a la Reforma Constitucional, que fue una pelea que teníamos en la provincia de Santa Fe desde 1870. Es la primera provincia que ha consagrado la igualdad religiosa en nuestro país.
—En el debate constitucional afirmaste tu posición de separar a la Iglesia del Estado…
—Una cosa son las instituciones civiles que nos pertenecen a todos y otra cosa es la cuestión religiosa. Separar esos órdenes para nosotros es totalmente saludable, sin que eso signifique que uno no quiera saber qué hace el otro, sino que haya una articulación y un trabajo en conjunto que hoy se necesita y mucho. Hay encuestas que muestran que la fe ha aumentado muchísimo. La gente comienza a volver a creer, posiblemente no en instituciones religiosas, porque la fe es algo que cada ser humano tiene dentro y puede trabajar. Está bueno que el Estado no tenga que apoyar a una religión por sobre otra. Una cosa es la distinción del orden civil y el religioso; y otra es la separación de la fe del pueblo. Vivimos en una provincia que se llama Santa Fe, la ciudad capital es Santa Fe de la Verdadera Cruz. Es una ciudad netamente cristiana. La separación de la religión del orden civil no tiene nada que ver con la separación de la fe del pueblo y de lo que el pueblo realmente quiere. En esas manifestaciones de fe hay que dar toda la libertad y los Estados tienen que apoyar todas las iniciativas vinculadas a comunidades de fe, sea de la religión que sea.
—¿Cómo analizás el panorama preelectoral?
—A nivel provincial creo que hay que consolidar Unidos, que ha sido altamente exitoso en la provincia de Santa Fe como gestión de gobierno. Está muy bueno ampliar el frente bajo ciertos lineamientos. Hay que ser amplios en esa construcción y lograr que nuestra provincia, aún en un contexto nacional muy difícil, pueda sostener todas las reformas que se han hecho. Hay que consolidar el tema de la seguridad, porque falta todavía mucho para lograr la provincia más segura del país. Queremos ir hacia eso. En salud se ha hecho un trabajo enorme, pero también hay que seguir consolidando. Nos parece perfecto que tengamos 4 años más de un gobierno tal cual está planteado, con mejoras en un montón de cuestiones. Para eso, hay que trabajar. Estamos dialogando constantemente. Hay que ver cuáles son las mejores opciones para lograr que Unidos se mantenga donde hoy está.
—Hablaste de ser amplios y de incluir a más expresiones políticas. ¿Podría evaluarse la posibilidad de incorporar a La Libertad Avanza a la alianza Unidos?
—Eso lo decide la fuerza en sí. Tiene que haber una discusión interna. Primero tiene que haber ganas de un sector de integrar este frente. Hoy no los veo a ellos con la decisión o la determinación de integrar una fuerza como Unidos.
—Se plantea un escenario donde al gobierno nacional le interesa la renovación de Milei y entrega los distritos a cambio del apoyo, por ejemplo, de la eliminación de las Paso, con lo cual se comprometería a tener un rol secundario…
—Esa cuestión se puede dar dentro o fuera de Unidos. A nivel nacional, lo que refuerza la presencia de La Libertad Avanza es la marca en sí. Por ende, me parece que integrar un frente común le restaría a la marca.
—Galdeano dijo que sería inteligente la unión en Rosario, pero quizás no en Santa Fe, ¿qué opinas de eso?
—Son cuestiones que se tienen que ver en el momento. Así como a nivel nacional es muy vertiginoso todo lo que ocurre mes tras mes, esto está muy atado a la cuestión económica y al humor social. Habría que hacer un análisis mucho más profundo y un debate interno. También evaluarlo en Rosario, que es una ciudad diferente porque tiene una vida propia a nivel político y se despega de lo que ocurre a nivel provincial muchas veces.
—Uno de los nombres que está sonando dentro de tu sector como eventual candidatura es el de Dante Gebel. ¿Qué hay de cierto en eso?
—Lo conozco mucho a Dante desde chico porque él estuvo en el sector del pastor Jiménez. Él viene de la Iglesia Pentecostal y yo fui a estudiar al seminario donde él trabajó un tiempo. Hemos tenido un montón de encuentros. Tuvo una gran llegada y fue parte de un gran despertar de la juventud evangélica en los 90 hasta que tomó la decisión de irse a Estados Unidos a trabajar como comunicador del mensaje. Él es un pastor, aunque él no se lo denomine. Tiene su comunidad de fe en Los Ángeles. Hoy debe estar entre uno de los mejores comunicadores a nivel mundial. Ha trascendido lo evangélico y lo religioso. Si él se decide a competir, estoy de acuerdo con que él pueda venir a ser parte de un cambio completamente diferente, a plantear una agenda distinta y ser un agente de paz que venga a reconciliar y tratar de cerrar la grieta. El problema que tenemos como sociedad a nivel nacional es que hay una grieta muy profunda que parece irreconciliable. Creo que Dante puede reconciliar ambos sectores. Él viene en diciembre, va a hacer lo que él llama un «superclásico de la juventud» en el estadio de Vélez. A nosotros nos da fuerza que alguien de una comunidad de fe como él quiera participar en política. Creo que toda la gente que trabaja en las comunidades de fe tiene que pensar muy bien en servir al prójimo también en el área de la política, porque es una manera en la que vamos a poder ocupar lugares de la denominada casta, que es gente que está ahí porque parece que tuviera un título monárquico. Está bueno que gente que trabaja en diferentes comunidades de fe quiera con vocación real participar.
—¿Y qué opinás de Leda Bergonzi, más asociada al sector católico, pero que se mostró con vos?
—Con Leda me pasó lo mismo. El caso es muy parecido al de Dante, pero más local. Rompimos esos prejuicios de católico-evangélico. Cada tanto nos encontramos, charlamos y es una persona muy interesante en lo que hace. También ella tiene un contacto con la gente muy directo y, a veces, cuando hay alguna necesidad nos consulta para ver si podemos ayudar a solucionar esos temas desde el lugar que ocupamos. Ojalá que Leda, en algún momento, dé ese paso de participación, porque es una persona joven que tiene mucha fuerza y un montón de gente que la acompaña y la sigue.
—Hablaste de la realidad económica y cómo influye en los resultados electorales. Tenés llegada a los sectores populares y ves lo que pasa en los barrios. ¿Cuál es tu mirada sobre el plan económico del gobierno nacional?
—Sabíamos que, de alguna manera, iba a desencadenar en todo lo que estamos viviendo. Y la gente votó esto. Si hay algo que no podemos negar del gobierno nacional es que todo lo que está haciendo lo dijo previamente. No fue una estafa electoral. La gente entendió y votó dolarización e inflación cero. Lo que todavía le da cierta vida a este plan económico es que a nivel internacional estamos dentro de un contexto donde todo está cambiando de manera vertiginosa, con guerras y nuevas tecnologías. La gente entiende ese cambio de época. Creo que no sale a la calle a romper todo porque entiende que estamos dentro de una situación muy difícil. Por un lado, queremos apostar a la producción nacional y a que las fábricas vuelvan a abrir, pero por otro lado, esa misma gente nos dice que tiene que buscar cómo reconvertirse porque sabe que ya no se puede fabricar lo mismo que antes porque el mundo no lo está consumiendo. Hay una situación, que no es solamente una responsabilidad de un sistema económico, sino que a nivel mundial nos está tocando muy de cerca. La gente entendió y compró la idea de bajar los gastos políticos y tener un Estado que no gaste más de lo que ingresa. La gente está esperanzada con que sigan bajando impuestos que, en general, a nivel nacional no bajan. Ni hablar de las pymes que están muy resentidas y que muchos de quienes apostaron a este plan hoy están muy mal. En las elecciones del año pasado pensé que la gente iba a tomar una determinación mucho más tajante para castigar a este gobierno y pasó todo lo contrario. Veremos qué pasa el año que viene. Es difícil entender hoy el humor social que está cambiando de un momento a otro, de una manera muy vertiginosa. Tenés un presidente raro, que insulta, maltrata y la gente lo sigue bancando. ¿Cuál será ese costo? ¿Cómo será el final? No sabemos. Puede ser terrible, puede ser una transición tranquila hacia otro gobierno o pueden ser cuatro años más que profundicen este modelo.
—Cuando vas a un pueblo a hacer campaña, ¿vas primero al acto político o a la charla evangélica?
—Los evangélicos hemos tenido un gran prejuicio contra la política. Vos llegás a la religión por una situación específica, donde seguramente algo muy malo o difícil te pasó. Nosotros siempre decimos que la Iglesia evangélica está llena de gente rota, porque así llegamos: todos rotos. Mi caso fue diferente porque nací en ese lugar, pero en general la gente viene desilusionada de la política. Tenemos muchos ex militantes de diferentes partidos, gente ya muy grande, que se enojaba con la política de antaño y se volcaba a la Iglesia evangélica. Cuando voy a una Iglesia evangélica y me presentan que soy pastor, pero soy político, me miran con cara fea y cuando voy a la política y dicen que soy pastor, también me miran con cara fea. Es una cuestión muy particular. Generalmente, si vamos a hacer política, hacemos política exclusivamente. Si me invitás a tu Iglesia para que vaya a un acto religioso o como decimos nosotros, a compartir la palabra o dar un sermón, voy en mi carácter de pastor y no hablo de política. Si voy a hacer política, trato de invitar a los pastores de la zona o a las Iglesias para que escuchen y después decidan en cada pueblo. Dentro de las Iglesias evangélicas tenemos gente de diferentes partidos, incluso en la Iglesia que yo oficio. Hay personas que me dicen que me quieren como pastor, pero no como político, así que trato de ser muy cuidadoso.
—Supongo que el domingo como pastor no se negocia…
—Esta posibilidad que tengo ha sido estudiada por las grandes organizaciones evangélicas del país, porque fue una discusión si debía dejar el pastorado para cumplir una función pública o si se pueden ejercer ambas funciones. Es una discusión interna que todavía tenemos. En mi caso, yo pedí que me dejen oficiar como pastor y lo recomiendo porque no me transformo en un político dentro de mi ámbito religioso y porque tengo la posibilidad de llegar a la gente que me saca del microclima que tanto mal le hace a la política. Cuando solamente vivís de lo político, te alejás de la agenda real de la gente. Yo tengo todas las semanas gente sentada en mi escritorio contándome sus problemas y ahí entiendo lo que le está pasando realmente. La gente no viene a buscar al diputado, viene a buscar al pastor y que lo ayude a transitar esa situación. El último domingo, antes de comenzar mi congregación, dos jubilados me dijeron que no podían pagar más el alquiler y no tenían dónde vivir. Es difícil, pero es la situación que está viviendo la gente. Es una responsabilidad que tenemos. Como Estado, como diputado, hay miles de personas y de familias que necesitan hoy un techo junto a un montón de otras necesidades. Tengo que buscar la manera para ayudarlos. Como comunidad evangélica les damos una mano. La gente se vuelca a estos espacios porque no encuentra una salida de parte del Estado. Hay una salida de parte de nosotros mismos como seres humanos de cómo podemos convivir juntos y cómo podemos ayudarnos unos a otros.
