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Ezequiel Del Bel visitó Santa Fe y brindó detalles sobre la búsqueda de desaparecidos en Campo San Pedro

El arqueólogo del CONICET disertó en la sede de ADUL y recorrerá el predio militar en Campo Andino, donde se investigan enterramientos clandestinos de la última dictadura.

El arqueólogo Ezequiel Del Bel, investigador del CONICET especializado en arqueología forense y en el estudio de circuitos represivos de la última dictadura, brindó este martes una charla abierta en la sede de ADUL, Pasaje Martínez 2683, en la ciudad de Santa Fe. La actividad fue organizada por el Foro contra la Impunidad y por la Justicia de Santa Fe, el Centro Científico Tecnológico del CONICET, la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia y la Universidad Nacional del Litoral.

Durante la exposición, Del Bel reconstruyó la evolución de los circuitos represivos en Tucumán, desde el Operativo Independencia de 1975 hasta la dictadura iniciada en 1976, y presentó experiencias de investigación en centros clandestinos de Tucumán y Chaco. Además, este miércoles tiene previsto visitar Campo San Pedro, un predio militar ubicado en la zona rural de Campo Andino, a unos 12 kilómetros de Laguna Paiva, donde se investiga la existencia de enterramientos clandestinos de víctimas del terrorismo de Estado.

Campo San Pedro fue señalizado oficialmente en 2023 como “Campo de Exterminio y Enterramientos Clandestinos del Ejército en la última dictadura 1976-1983”. En 2010, fueron hallados en una fosa común los cuerpos de ocho personas desaparecidas, envueltos en cal. Seis de ellas fueron identificadas mediante cotejo genético con el Banco Nacional de Datos Genéticos: María Esther Ravelo, Gustavo Pon, Carlos Bosso, María Isabel Salinas, Oscar Winkelmann y Miguel Ángel D’Andrea. Restan identificar a una mujer y a un varón.

El hallazgo constituyó, según el antropólogo Juan Nóbile, evidencia concreta de la existencia de fosas de inhumación clandestina dentro de un campo militar perteneciente al Ejército. En los últimos años, el Foro contra la Impunidad y por la Justicia logró ubicar nuevos testigos que declararon en sede judicial y aportaron información sobre otras masacres y enterramientos que habrían ocurrido en el predio. Por la extensión del campo —unas 2.000 hectáreas—, sus características boscosas y los cambios naturales, establecer la ubicación exacta de esas posibles fosas representa una tarea compleja.

Recientemente, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizó una nueva campaña de búsqueda en un sector determinado a partir de testimonios y documentación. Las tareas finalizaron sin que se encontraran nuevos restos humanos, pero la investigación continuará en otro sector del predio. Según testimonios de sobrevivientes y lugareños incorporados a la investigación, serían más de 20 las personas que podrían haber sido enterradas clandestinamente en Campo San Pedro durante la dictadura.

En una entrevista previa a su llegada, Del Bel explicó que recibió información y planos de las investigaciones realizadas en el lugar. “La idea es ir a visitar el espacio mañana (miércoles) para verlo ahí en vivo”, señaló. Respecto de su aporte, indicó: “Más que nada, no sé si en nuevas metodologías, sino por ahí en reordenar y priorizar por qué zonas en relación a los testimonios se puede avanzar o no. Eso es lo que vamos a tratar también un poco de aportar”.

Del Bel es investigador del CONICET y desarrolla su trabajo en Tucumán en el campo de la arqueología del pasado contemporáneo. Su trayectoria incluye investigaciones sobre sitios vinculados con el terrorismo de Estado, entre ellos el Pozo de Vargas y el Arsenal Miguel de Azcuénaga. El CONICET señala que trabaja desde hace más de dos décadas en excavaciones y estudios arqueológicos relacionados con circuitos que funcionaron como centros ilegales de detención. También participa en investigaciones vinculadas con la identificación de personas desaparecidas, colaborando con el Banco Nacional de Datos Genéticos en procesos de exhumación y toma de muestras de restos óseos.

“Nosotros hemos trabajado toda la metodología de búsqueda de personas: excavaciones manuales, sondeos manuales, georradar, retroexcavadora, motobarreno, máquina, una pala bizcachera que se le llama en la geología, que es un común sacabocado”, detalló Del Bel. A esa tarea se suman las entrevistas a sobrevivientes, víctimas y vecinos. El especialista remarcó que no existe una única metodología aplicable a todos los sitios: “Cada espacio tiene su metodología para utilizarse: depende del terreno, si es un campo abierto, si es un centro clandestino en una ciudad, si tiene una denuncia de fosas o no, o si hay que reconstruir cómo era originalmente el espacio”.

El trabajo arqueológico tampoco se limita a buscar restos humanos. “Nosotros trabajamos sobre los edificios también, no solamente con la búsqueda de personas desaparecidas, sino investigamos cómo eran esos espacios en la vida cotidiana”, explicó. En ese sentido, se estudian elementos como la pintura original, aberturas, paredes modificadas y otras características de las construcciones para contrastarlas con los testimonios existentes y reconstruir el funcionamiento de los espacios represivos.

Del Bel mencionó el caso del Arsenal Miguel de Azcuénaga, en Tucumán, donde se investigaron fosas y posteriores remociones de restos. La producción científica de la que es coautor documentó el abordaje interdisciplinario de ese predio como centro clandestino de detención. En ese sentido, puso en relación esa experiencia con los hallazgos realizados en La Perla, Córdoba, aunque aclaró que su equipo no intervino directamente en ese caso. Según explicó, allí se hallaron restos óseos en un contexto que habría sido previamente removido. “Ahora tenemos que ver con otros ojos los espacios ya investigados, porque que no encontremos nada en algunos espacios no quiere decir que no había, sino que puede haber existido una remoción”, sostuvo. “Estos casos nos dan una apertura de nuevas preguntas que hay que seguir investigando”, afirmó.

Durante la charla pública, Del Bel expuso sobre distintos tipos de espacios investigados: centros clandestinos sin fosas, centros con fosas de inhumación y otros sitios donde se presume que los restos fueron posteriormente removidos. “Lo más relevante para mí es las lógicas represivas, cómo se van adaptando al momento en el que están o que estuvieron en su momento, pero también las cosas que se relacionan con el presente hoy”, señaló.

La experiencia de Del Bel se inscribe en una línea de trabajo que el CONICET presenta como un aporte de la arqueología y la antropología forense a las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. En Santa Fe, el caso de Campo San Pedro forma parte de ese universo de investigaciones sobre los lugares utilizados durante el terrorismo de Estado. El hallazgo de los ocho cuerpos en 2010 y la identificación posterior de seis de ellos constituyen evidencia material central para reconstruir lo ocurrido en ese predio. La existencia de nuevos testimonios y la posibilidad de que haya más personas enterradas clandestinamente mantienen abierta la investigación.

“Intentamos dar a la población el conocimiento científico de las cosas que ocurrieron”, sostuvo Del Bel. Y concluyó: “Por eso para nosotros es muy importante la difusión y siempre intentamos llegar a la población, a las escuelas y a las universidades contando cuáles son los trabajos que hacemos”.

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