Comerciantes de Rosario y Santa Fe coinciden en que el Mundial generó un repunte puntual en las ventas, pero no modificó la tendencia de caída del poder adquisitivo y el aumento de costos.
El Mundial de fútbol volvió a generar un fenómeno conocido en la Argentina: partidos que detienen ciudades, comercios que buscan aprovechar el entusiasmo y consumidores que encuentran una excusa para juntarse y comprar. Sin embargo, esta vez el fenómeno tuvo un límite claro: el deterioro del poder adquisitivo.
Para las PyMEs, el Mundial significó en algunos casos un pequeño impulso en las ventas, especialmente en rubros vinculados al consumo durante los partidos, como cotillón, camisetas, bebidas, chorizos, cortes económicos para asado, picadas y productos de panadería. No obstante, los comerciantes consultados coinciden en que ese repunte fue puntual y no alcanzó para modificar una tendencia que viene de antes y continúa después de la competencia.
En esta edición, dialogamos con Diego Rubio, dueño de panaderías en el centro de Rosario; Juan Ramos, referente de los carniceros de la misma ciudad; Miguel Ruocco, del paseo comercial de calle San Luis; y Mario Gelmi, dueño de un quiosco mayorista en la ciudad de Santa Fe. A través de sus testimonios se conoce cómo atravesaron el Mundial y cómo están viviendo las PyMEs este año.
Un Mundial que movió las ventas, pero no cambió la tendencia
El impacto de la Copa del Mundo fue desigual según cada actividad y estuvo relacionado con los horarios de los partidos. Diego Rubio, de las panaderías Nono Pepe en Rosario, señaló que los encuentros jugados durante la tarde generaron algo más de movimiento, pero el efecto duró poco: después de esos momentos aparecía una merma.
En las carnicerías ocurrió algo similar. Juan Ramos afirmó que hubo algo más de movimiento durante algunos fines de semana, especialmente en las últimas fechas del torneo, pero descartó que haya habido un boom de consumo. “Tampoco fue un aluvión”, resumió.
El Mundial sí modificó algunas elecciones: los cortes más económicos ganaron espacio en los asados y el choripán tuvo un pequeño impulso, especialmente entre los grupos de jóvenes por ser un producto rendidor y accesible.
En el paseo comercial de calle San Luis, en Rosario, el fenómeno fue más visible en los comercios directamente vinculados con la competencia. Según Miguel Ruocco, los locales de cotillón, indumentaria, jugueterías y librerías incorporaron productos relacionados con la Selección, como banderas, camisetas y merchandising. El dirigente comercial sostuvo: “Hubo movimiento, pero no fue para salvar ni el mes”.
La previa, el partido y después: el consumo se concentra
Una característica que aparece en los testimonios es que el Mundial no significó un aumento sostenido del consumo, sino una concentración de las compras alrededor de los partidos. En las panaderías de Rubio, el movimiento podía crecer antes de un encuentro, pero luego aparecía la compensación: “Al otro día había una merma porque la gente está muy ajustada. Si gasta hoy, mañana se ajusta”, explicó.
En Santa Fe, Mario Gelmi observó algo parecido desde su quiosco mayorista en la Terminal de Ómnibus. Durante los partidos de Argentina “moría la ciudad” y también caía el movimiento en la Terminal. Una vez terminado el encuentro, la actividad volvía a recuperar su ritmo habitual. Gelmi indicó que en la zona de Aristóbulo del Valle, un paseo comercial santafesino, hubo movimiento, y que durante los partidos de Argentina las ciudades prácticamente se detenían.
El Mundial funcionó como una pausa dentro de una economía que sigue mostrando dificultades. Hubo momentos de mayor consumo, pero no necesariamente más consumo a lo largo del mes.
El bolsillo como límite
Más allá de la camiseta, el choripán o el cotillón, los cuatro testimonios vuelven sobre una misma cuestión: la caída del poder adquisitivo. “Las ventas están muy, muy estancadas y los consumidores llegan muy justo”, dijo Rubio. En su caso, el vínculo de cercanía con los clientes ayuda a sostener la actividad, pero no alcanza para compensar la pérdida de capacidad de compra.
En los comercios de calle San Luis, Ruocco observó que el problema alcanza a prácticamente todos los rubros. Los productos de primera necesidad son los que más resisten, mientras que los gastos que pueden postergarse son los primeros en caer. “Si la gente no tiene dinero para comprar, afecta a los comercios de muchos rubros”, explicó.
Cuando el dinero disponible es limitado, una compra extraordinaria, como una camiseta, una picada o un festejo, puede significar que otras compras tengan que esperar.
Cuando los costos suben y vender más no alcanza
El problema para las PyMEs no está solamente en cuánto venden, sino también en cuánto les cuesta producir y sostener sus negocios. Rubio señaló que en las panaderías los costos aumentan, pero trasladarlos a los precios puede significar perder más ventas. En su caso, los márgenes de ganancia se redujeron y hubo un incremento del peso de las comisiones de bancos y billeteras virtuales. “Antes el 80 por ciento de las ventas en panadería era en efectivo, ahora es al revés con las billeteras virtuales. Y todas te cobran comisión”, explicó.
La situación es similar en las carnicerías. Ramos mencionó entre los costos que presionan sobre la actividad los alquileres y el combustible, fundamental para trasladar la carne desde el campo al frigorífico y luego hasta los comercios. Mientras los costos se actualizan, el poder adquisitivo no acompaña. El resultado son márgenes cada vez más pequeños. “Todo el mundo prioriza vender, mover la mercadería. Eso es lo más importante”, explicó Ramos.
Una crisis que se viene acumulando
Uno de los indicadores más visibles de la situación económica es el aumento de locales vacíos. Un relevamiento de la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y el Colegio de Corredores Inmobiliarios (Cocir) publicado a fines de julio advirtió sobre un crecimiento de los comercios vacíos en Rosario, alcanzando el 12,5 %. En la calle San Luis, la tasa de vacancia pasó del 5,1% al 10,2% en seis meses.
Ruocco señaló que la caída de las ventas se refleja en las vacancias de los centros comerciales y sostuvo que el fenómeno no afecta únicamente a calle San Luis, sino también a calle Córdoba y a otros corredores comerciales.
En las panaderías, Rubio observó otro fenómeno: el crecimiento de actividades informales y de producción clandestina. Según explicó, aparecen pequeños productores que trabajan desde sus casas, con estructuras de costos muy diferentes a las de una empresa formal. El resultado es una competencia que, para quienes sostienen locales, empleados, servicios e impuestos, resulta difícil de enfrentar.
En este contexto, los comerciantes buscan nuevas formas de sostener las ventas. En las carnicerías, Ramos afirmó que los consumidores cambiaron sus hábitos: aumentó el consumo de pollo y especialmente de cerdo, mientras que dentro de la carne vacuna se buscan cortes más económicos. También ganaron espacio los productos elaborados, como las milanesas.
En calle San Luis, los comerciantes buscaron aprovechar el Mundial incorporando productos relacionados con la Selección. En otros sectores, la adaptación pasa por las redes sociales, las aplicaciones y nuevas formas de comercialización. Gelmi observó ese proceso desde Santa Fe: una parte cada vez mayor de las ventas pasa por las plataformas digitales y las redes sociales. Para los comerciantes, adaptarse dejó de ser una opción para convertirse en una condición para sostenerse.
El Mundial terminó, el problema sigue
El Mundial dejó algunos días de mayor movimiento, pero no consiguió cambiar el escenario general de las PyMEs consultadas. El denominador común entre los cuatro testimonios es la necesidad de vender en un contexto donde los consumidores tienen menos margen y los costos siguen creciendo.
Para Ramos, hoy el objetivo central de los comerciantes es que la mercadería siga saliendo. Para Rubio, sostener la actividad implica incluso resignar posibilidades que antes eran normales para una empresa de su tamaño. Ruocco observa el cierre y la vacancia de locales como una señal concreta de la profundidad de la crisis. Gelmi encuentra algunos signos de mejora hacia fines de julio y comienzos de agosto, aunque todavía con cautela.
El Mundial funcionó como una excepción dentro de una tendencia más larga. Durante algunas horas, las ciudades se paralizaron y los comercios vinculados al festejo tuvieron un pequeño impulso. Después, el consumo volvió a encontrarse con su principal límite: el bolsillo. Para las PyMEs, ese sigue siendo el dato central.
