El Poder Ejecutivo avanza con un anteproyecto para derogar la Ley 25.542, que establece el precio único del libro en Argentina. Desde el sector librero independiente señalan riesgos para la industria y la red de librerías.
El oficialismo nacional impulsa por segunda vez desde 2023 la derogación de la Ley 25.542 de Defensa de la Actividad Librera. La normativa, sancionada en 2001 y promulgada en 2002, fija un precio único para los libros en todo el país, con un margen máximo de descuento del 10% para ventas comunitarias o convenios puntuales.
La ley fue creada para impedir que las grandes superficies comerciales utilizaran los libros como productos gancho con descuentos agresivos. El modelo argentino se basó en experiencias de países como Francia, Alemania y España.
El gobierno nacional sostiene que la derogación permitirá que el precio de los libros baje. Desde el sector librero, en cambio, advierten que el argumento no contempla la estructura de costos del libro.
María Eugenia, dueña de Ponsatti Libros, maestra, escritora, editora y vocal de la Cámara de Librerías Independientes, afirmó: “Habrá gente que cree que los precios van a bajar y que si los precios no bajan es porque la librería sobrecarga el precio, pero no es así. La editorial conoce cómo se compone el costo del libro, porque es la editorial la que tiene que pagar la imprenta, la reimpresión al autor, al ilustrador, al corrector. Todos esos gastos de originación los distribuye de la manera más armoniosa que puede, porque le corresponde al librero el gasto de sostener su librería”.
La derogación afectaría a toda la cadena del libro: escritores, ilustradores, editores, correctores, traductores, imprenteros, distribuidores, vendedores, librerías, transportes y papeleras. “No es solamente la destrucción de un espacio, sino de un montón de actores que intervienen en ese mundo”, señaló.
Como antecedente, mencionó el caso del Reino Unido, donde la eliminación del precio único en los años noventa provocó una baja temporal de precios y luego un aumento, además del cierre de pequeñas librerías. Sin la ley, las grandes superficies y plataformas digitales podrían ofrecer descuentos que las librerías independientes no pueden igualar, lo que reduciría la diversidad de catálogos.
Argentina cuenta, según datos del sector, con una de las mayores redes de librerías independientes por habitante de América. María Eugenia explicó: “Lo que no podemos es competir por precio, porque el libro es un bien cultural. Esta ley ha permitido que la red de librerías crezca exponencialmente a lo largo de todo el país desde el 2001. Y al haber librerías independientes, también crecieron y nacieron editoriales independientes. Editoriales que tienen un catálogo constituido por autores que, si dependiera de las ventas masivas no existirían. La difusión de los autores locales la hacen las librerías independientes, no las grandes cadenas como Amazon”.
En cuanto al rol social de las librerías, afirmó: “La gente se encuentra en la librería, conversa y siente ese encuentro afectivo. Si vos pedís tu libro por internet no está ese encuentro con el otro, no te vinculás con nadie, no hablás con nadie, no intercambiás ideas con nadie. En la librería tenés la oportunidad de discutir con alguien que tal vez piensa igual que vos o tal vez piensa totalmente distinto. Pero el espacio para discutir está”.
Finalmente, concluyó: “Nadie es buen jugador de fútbol practicando en ojotas. Nadie puede ser un lector o una lectora si no lee en papel y no conversa sobre lo que lee. En países del Primer Mundo no ha funcionado dejar de lado la lectura en papel para pasar al soporte digital. La lectura humaniza y hoy está en riesgo”.
