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Martín Caparrós analiza el concepto de racismo en Argentina y su historia

El escritor y periodista Martín Caparrós reflexiona sobre la historia del racismo en Argentina, desde la época colonial hasta la actualidad, y cuestiona la afirmación de que el país sea «el más racista del mundo».

El escritor y periodista Martín Caparrós publicó una reflexión sobre el racismo en Argentina, en la que analiza la historia del país desde la llegada de los españoles hasta la actualidad. En su texto, Caparrós aborda la afirmación de que Argentina es «el país más racista del mundo» y la contextualiza con datos históricos.

Según Caparrós, el primer racismo registrado en la región rioplatense fue el de los soldados españoles que llegaron a ocupar las pampas, considerando a los habitantes locales como «seres inferiores». Señala que entre 1550 y 1800, el reino de España secuestró entre tres y cuatro millones de africanos para trabajar en sus colonias americanas, y que el racismo se utilizó como justificación para la explotación.

El autor indica que en la actual Argentina, Buenos Aires no compró muchos esclavos debido a la falta de minas y plantaciones. En 1810, la ciudad tenía menos de 40.000 habitantes, de los cuales unos 10.000 eran negros. En 1813, una Asamblea Constituyente decretó la «libertad de vientres», que no abolió la esclavitud sino que estableció que los hijos de esclavas no serían esclavos. La abolición total de la esclavitud en Argentina ocurrió 40 años después, mientras que en Estados Unidos y Brasil aún se mantenía.

Caparrós afirma que la mayoría de los negros de Buenos Aires no sobrevivió al siglo XIX, debido a guerras como la de la Triple Alianza (1865) y la campaña contra los pueblos indígenas en las pampas, así como a la epidemia de fiebre amarilla de 1871. Actualmente, Argentina y Chile son los países latinoamericanos con menor población negra, menos del 0,7 por ciento.

El escritor también menciona la inmigración masiva entre 1880 y 1920, cuando la población pasó de dos a diez millones de habitantes, mayoritariamente europeos. Aunque hubo intentos de reacción racista por parte de las élites, la mezcla se produjo rápidamente, y la escuela pública fue un factor de integración.

Caparrós señala que, a partir de 1930, comenzaron los desplazamientos internos de provincias hacia Buenos Aires, y los porteños ricos llamaron «cabecitas negras» a los migrantes de piel más oscura. Sin embargo, sostiene que en Argentina no hay un uso político del rechazo a los inmigrantes de países limítrofes, que suman entre dos y tres millones, y que la xenofobia no es un tema central en el país.

El autor concluye que en Argentina «no hay pureza posible» y que la mezcla es la característica principal, lo que dificulta el racismo. «Somos pura mezcla, somos los mismos y distintos: no podemos descalificar a ningún otro – porque nosotros mismos somos otros», afirmó.

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