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Por la invasión de palomas, cada vez más edificios de Rosario cierran sus patios y balcones

La proliferación de palomas en edificios de Rosario lleva a que administradores y propietarios opten por cerramientos con redes en patios y balcones, una solución que desplaza a métodos tradicionales como los pinchos.

La invasión de palomas en edificios de Rosario impulsa un cambio en las estrategias de administradores y propietarios, quienes recurren cada vez más a cerramientos con redes en patios y balcones, según informaron fuentes del sector.

El representante de los administradores, que buscan lograr la colegiatura del sector, indicó que métodos como los pinchos colocados en cornisas no dieron resultado. «Los pinchos que se colocaban en las cornisas no tuvieron buenos resultados, ya que las aves se las ingeniaban de igual forma para hacer nido», afirmó. También señaló que otras alternativas «caseras», como el dorso de CD’s o molinetes movidos por el viento, son utilizadas por propietarios.

Juan Baraldi, titular de la empresa En Red, soluciones en altura, explicó que inicialmente instalaban redes para mascotas, niños y como sistema antiaves. «Al principio predominaban claramente los trabajos para gatos, después venían los destinados a la seguridad de chicos y, en último lugar, los antiaves», declaró. Con el tiempo, comenzaron a recibir consultas de administradores y desarrolladoras para impedir que las palomas ocuparan los grandes pulmones internos de los edificios. «Empezamos a hacer cerramientos completos de aireluces, desde la azotea hasta planta baja. Es una barrera física que evita el ingreso de las palomas y termina siendo la única solución definitiva», sostuvo.

Baraldi agregó que actualmente el tiempo invertido está «prácticamente repartido entre viviendas y grandes cerramientos de edificios». Describió que el problema se concentra en los contrafrentes, donde las aves encuentran reparo para anidar. «Hay edificios cuyos pulmones están completamente tomados por las palomas. El caso más desesperante es cuando existe un patio privado en planta baja: hay personas que directamente dejan de usarlo porque, aunque limpien todos los días, vuelve a llenarse de excremento», relató.

En esos casos, cerrar únicamente el patio no alcanza. «Las palomas se posan en cada ventana, en cada equipo de aire acondicionado y en todas las salientes del edificio. Por eso la solución pasa por cerrar todo el pulmón, desde arriba hacia abajo», explicó. Afirmó que este tipo de intervenciones ya comenzaron a ser consideradas una obra de interés común para los edificios. «Muchas veces los vecinos de los pisos superiores no tienen inconvenientes, mientras que quienes viven abajo pierden completamente el uso del patio. Por eso cada vez más consorcios entienden que es una inversión que beneficia a todo el edificio», declaró.

En cuanto a la efectividad de los pinchos, Baraldi señaló que «pueden funcionar durante las primeras semanas o algunos meses, pero después las palomas les encuentran la vuelta o incluso los utilizan para hacer sus nidos. Lo mismo ocurre con otros sistemas disuasivos. La red genera una barrera física que directamente impide el ingreso». Las instalaciones también alcanzan galpones industriales, concesionarias de autos, depósitos y grandes superficies.

Respecto a la demanda de viviendas particulares, Baraldi indicó que el mayor crecimiento ocurrió durante la pandemia, cuando muchas personas adoptaron mascotas y buscaron aprovechar balcones y patios con mayor seguridad. «Las consultas por gatos explotaron durante esos años. Hoy incluso muchas protectoras exigen que quienes adoptan tengan el balcón protegido con redes antes de entregar un animal», comentó.

El problema de las palomas también llegó al debate legislativo en Santa Fe. En noviembre de 2025, el Senado provincial dio media sanción a un proyecto para declarar plaga a la paloma torcaza y otras especies similares, con el objetivo de crear un Programa Provincial de Control Poblacional. El senador provincial Rodrigo Borla, autor de la iniciativa, sostuvo: «No sólo es un problema productivo, es un problema urbanístico y sanitario». Advirtió sobre el deterioro que produce el excremento de las palomas en edificios y espacios públicos y recordó el riesgo de enfermedades como la psitacosis.

Mientras el proyecto continúa su recorrido legislativo, en Rosario los consorcios comenzaron a buscar soluciones por su cuenta. En numerosos edificios, sobre todo del centro, administradores y propietarios decidieron avanzar con obras para impedir que las palomas ingresen a patios internos, aireluces y otros espacios comunes.

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