El joven nadador de Echesortu continúa su rehabilitación en Barcelona. Cómo es su día a día, sus distracciones y su expectativa de regresar a su hogar.
Con voz firme y una emoción que se transmite a través de la llamada, Matías Bottoni repasa cómo es su vida en Barcelona. A esa ciudad llegó el 23 de febrero y allí lleva adelante su rehabilitación tras el grave accidente en la médula que sufrió cuando competía en el Campeonato Nacional de Natación, hace exactamente un año.
«Es complicado, viví muchas cosas que no hubiera querido vivir», dijo el joven de 18 años a La Capital. El 10 de mayo de 2025 la natación argentina inundó las redes sociales y grupos de WhatsApp con plegarias por la vida de Matías Bottoni, el joven deportista del Club Echesortu quien al lanzarse a la pileta para el precalentamiento de la final del Campeonato Nacional chocó contra otro competidor que estaba saliendo del fondo en una zona prohibida. Bottoni se llevó la peor parte y tuvo que ser intervenido quirúrgicamente de manera urgente, con una colecta solidaria relámpago.
Un año después, Bottoni ya pasó por tres instituciones en Argentina: el Hospital Italiano en Buenos Aires, el Instituto Fleni y la clínica Aprepa (en Jerónimo Sud). Sin embargo, los recursos en el país se agotaron y el joven tuvo que buscar una alternativa en España. Así llegó al Institut Guttmann, donde hace más de dos meses lleva adelante su recuperación junto a su madre Valeria y llamadas diarias con su padre Luciano y su hermano Juan Ignacio. También sostiene la relación a distancia con su novia Martina.
Tras rendir 18 materias para terminar el secundario, Matías viajó a Barcelona donde lo esperaba una vida nueva, y una ciudad altamente adaptada para personas con movilidad reducida. «No es solamente una rampa en la esquina», señaló Bottoni y destacó cada cambio que notó en comercios, instituciones, transporte y en las personas que le tocó cruzar, como Jesús, un empleado de seguridad de una tienda.
En Barcelona encontró un aire distinto. Un empujón para continuar con su objetivo de recuperarse de la lesión en la quinta vértebra cervical que le impide caminar. Hasta se animó al deporte y los 25 kilómetros de distancia que hace todas las semanas para practicar rugby adaptado en el club Granollers no son un escollo. Allí encontró contención y amistades. ¿Actividad en el agua? Aún tiene resquemores.
En un mano a mano con La Capital, Matías recordó el accidente, habló de su proceso de recuperación y expuso problemáticas del sector de discapacidad, sobre todo en cuestiones de infraestructura. Lo espera una terapia innovadora y está esperanzado con estirar su estadía en Barcelona.
«Es durísimo porque hace un año estaba allá y ahora estoy acá, o sea, es muy complicado emocionalmente, realmente, es muy difícil. Viví muchas cosas que, la verdad, que no hubiera querido vivir», confesó. «No conocía, pero no vine con un fin turístico, vine a tratarme. Me sorprendió que puedo moverme por todos lados y hacia donde quiera. La ciudad se destaca por la adaptabilidad. En Rosario y Argentina se está muy lejos de eso. No se trata solo de una simple rampa en el cordón de la calle. En Barcelona vas a un quiosco o te movés en el transporte público sin problemas. Además, me llamó la atención que vi mucha gente en silla de ruedas, con bastones. Llegué a ver personas con silla de ruedas que la manejan con la boca y van al supermercado. En las tiendas hay carritos adaptados para llevar silla de ruedas. Me sorprende ver tanta gente con discapacidad circulando, pero no es que en Argentina no exista esa gente, sino que muchas veces no tiene la posibilidad de salir. Además, la gente es muy colaborativa. Una vez fuimos a un negocio y apareció un guardia de seguridad a preguntarme cómo estaba. Le dije que no había robado nada, pero en realidad quería hablar conmigo. El señor, que se llama Jesús, me terminó invitando a participar en un maratón muy importante que se hacía ese fin de semana en Barcelona, porque él la corría. Crucé la meta. No iba a hacer 42 kilómetros en silla, me muero (risas). Después esa persona, sin pedirle nada, me ayudó para estirar la estadía en Barcelona y a veces me visita. Carina es otra persona que está y ella se contactó con mi papá cuando se enteró que venía a Barcelona, le prestó una cama a mi mamá y hermano al principio», relató.
«Estamos haciendo un tratamiento ambulatorio. Acá pagamos un alquiler, luego de que el primer mes nos vimos obligados a alquilar en la clínica, que es bastante más caro. Conseguir algo no es fácil. Estamos a 10 minutos en el metro. Pero me tengo que tratar ahora porque en este tipo de lesiones cuanto más tiempo pasa es peor. Se estima, más o menos, que hasta los 2 años de lesión vos podés llegar a tener avances sustanciales. Todavía estamos a tiempo», explicó. «Al igual que en Argentina, el nivel de profesionales es muy alto. En cambio, en el país no tenemos los mismos recursos», concluyó.
