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Pareja y empresa: claves para evitar conflictos legales y patrimoniales

Cada vez más parejas emprenden juntas. Una guía con herramientas para cuidar la relación y el negocio, según expertos rosarinos.

Es complejo mezclar la pareja con la empresa, pero cada vez más personas deciden emprender juntas. Para evitar futuros conflictos legales y patrimoniales, especialistas recomiendan acuerdos claros desde el inicio.

En un contexto donde muchos eligen crear su propia empresa, aparecen casos de parejas que se complementan a la hora de hacer negocios. Algunas se transforman en empresas familiares y otras quedan en el camino por separaciones, divorcios o muertes. ¿Cómo cuidar esa empresa? ¿Qué hacer para evitar confrontaciones jurídicas graves?

Estos temas aborda el libro recién publicado “Pareja y Patrimonio, asunto de besos y pesos”, escrito por la abogada y contadora rosarina Fernanda Fernández y el abogado porteño Leonardo Glikin. “La idea es mirar la pareja desde una perspectiva más amplia, no solo como un vínculo de amor, sino como una sociedad de proyectos”, explican los autores.

Fernanda Fernández, en diálogo con Negocios de La Capital, señaló: “En líneas generales la gente emprende y después piensa en estos temas. Es cierto que no se puede prever todo, pero sí volcar en un documento los deseos profundos sobre esa empresa que se está creando. Y hacer acuerdos”.

Un punto que suele complicar estos acuerdos es que muchas parejas evitan tocar cuestiones de patrimonio en una primera etapa. Para Fernández, el diálogo es clave: “No hay que postergar las charlas difíciles porque luego es peor, es importante ser honestos con lo que se quiere y lo que no”.

La especialista destaca la importancia de los acuerdos de base moral, la palabra dada. “Se habla mucho de los protocolos de empresas familiares, pero los acuerdos de pareja son tan importantes como los protocolos. Tienen que ver con la creación de espacios para el diálogo donde cada parte se hace responsable de esa relación y de sus acuerdos informales que tienen valor moral. Luego se puede plasmar en un documento legal”, explica.

Cuando el emprendimiento crece y se transforma en una empresa familiar, entran en juego los hijos y la familia política. “Todo hay que contemplarlo cuando se empieza a crecer”, agrega Fernández.

Otro punto clave es definir el tipo de sociedad: Sociedad Anónima (SA), Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL) o Sociedad de Acciones Simplificada (SAS). Fernández y Glikin recomiendan las SAS, habilitadas desde 2017 por la Ley 27.349. “Tiene más flexibilidad, te permite ser dos socios en un momento, pero si la cosa no va podés luego seguir solo o sola. Esa posibilidad de cambiar la cantidad de socios es central. Si hay un divorcio, una parte puede comprar la otra. También se usa para testear nuevos emprendimientos”, puntualiza Fernández.

El rol de los consultores en este tipo de empresas es “llevar adelante un proceso que ayude a los empresarios a construir esos acuerdos, porque hay que ordenar todo jurídicamente”. Una vez que la empresa escala, recomienda “diseñar la estrategia de negocios, pensar qué hacemos con ese patrimonio, qué se hace con los hijos, los nietos, nueras y yernos. Porque las decisiones en la empresa traen consecuencias en el ecosistema de las familias”.

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