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Hebe de Bonafini, su lucha y su camino

A casi medio siglo del inicio de las rondas de las Madres de Plaza de Mayo, la figura de Hebe de Bonafini vuelve a adquirir una fuerza singular en la historia argentina. Su vida condensa una experiencia que atraviesa la dictadura militar, la transición democrática y los años de impunidad que siguieron. Fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, su voz y su lucha fue durante décadas una de las más persistentes en la búsqueda de los 30.000 desaparecidos y desaparecidas.

Los setenta: revolución e injusticia

Antes de que la tragedia golpeara su casa, Hebe de Bonafini, nacida en Ensenada cerca de La Plata, era una mujer para quien la política solo pasaba por el apoyo cariñoso hacia sus hijos.

Recordaba haber vivido en los años previos a 1976 con una sensación difusa de inquietud. Sus hijos crecieron en un clima político atravesado por la movilización obrera y juvenil de los años setenta. Estudiaban, trabajaban, participaban en la universidad y soñaban con transformar el país: “Se enrolaron en una tarea impresionante que es querer hacer la revolución. Estaban convencidos que iban a poder, y eso nació a partir de la injusticia”.

Esa injusticia, durante los años previos a la dictadura, la represión paraestatal se extendía bajo la influencia del ministro José López Rega. “Había llegado López Rega con mucho poder. Mataba a los pibes en la calle. En la Universidad se había formado algo que eran los pibes más fachos que se llamaba CNU, que mataban como si fuera nada, y nadie los perseguía”.

Entre 1973 y 1976, la organización parapolicial Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y bandas como la Concentración Nacional Universitaria (CNU) desplegaron una persecución sistemática contra militantes y activistas de izquierda. En ciudades universitarias como La Plata, donde la vida estudiantil y obrera se mezclaban intensamente, la violencia política marcó una época. Hebe decía: “La justicia es una palabra, como la libertad, después tiene un contenido. En la época de López Rega ya desaparecieron casi 600 pibes. No desaparecieron: los mataban y los dejaban tirados en la calle para que el pueblo tuviera miedo”.

1977: el comienzo de las rondas y el golpe a las Madres

La desaparición de su hijo la empujó a una búsqueda desesperada que pronto se transformó en organización colectiva. “El primer día no fui, pero el segundo día me avisó la madre de un preso”.

Así comenzó a participar en las primeras rondas en la Plaza de Mayo, en pleno auge de la represión tras el golpe militar de 1976. El momento más duro llegó en diciembre de 1977, cuando la dictadura secuestró a tres fundadoras del movimiento: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, luego asesinadas en los llamados vuelos de la muerte.

Cuando se llevaron a Azucena, ya había más de 200 madres organizadas, pero el miedo paralizó a muchas. “Éramos 47 madres de La Plata que íbamos y ese día éramos 11. La plaza estaba rodeada de policía, de perros, de gases. Pero un pequeño grupo marchó igual”.

Ese momento sería un punto de inflexión. “Ahí ganamos la batalla. Una batalla que empezó al otro día, casa por casa, madre por madre. Yo decía: ‘Ahora tenemos más razones: tenemos a nuestros hijos y a las madres’”.

Se fueron dando cuenta de las complicidades tocando las puertas. Cuando fueron a ver al embajador de Estados Unidos tras la desaparición de las fundadoras, recibieron una respuesta que las impactó contó Hebe: “Nos dijo: ‘Ustedes tienen sus primeras mártires’. O sea que ya sabían que las habían llevado a la ESMA”.

Las Madres no solo enfrentaron la represión directa. También padecieron infiltraciones, como la del marino Alfredo Astiz. “Para nosotros era un muchacho pobrecito que le faltaba el hermano. En marzo del 78 nos enteramos que era el capitán Astiz que se había infiltrado en las madres”.

Las persecuciones continuaron: pintadas en sus casas, detenciones cada jueves y vigilancia permanente. En 1979, fundaron la Asociación Madres de Plaza de Mayo, conscientes de una lucha de largo aliento: «Nos llevaban presas, nos golpeaban mucho. A las que sacábamos más la cabeza, por supuesto nos llevaban más. Nos allanaban la casa, éramos perseguidas. Entonces un día dijimos: ‘Che, ¿por qué no formamos una asociación o algo, para que si un día nos llevan a todas, sepan que algo quedó, que alguien hizo algo en este país? Porque si no, no hay nada escrito’”.

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Las instituciones de la «democracia»: indultos e impunidad

En la búsqueda de sus hijos, las Madres acudieron a tribunales, iglesias y organismos internacionales: “Nos dijeron que Naciones Unidas iba a encontrar a nuestros hijos. Pero tenías que mandar un certificado de que habías hecho el hábeas corpus. Los jueces no te querían dar ese papel. Decían que no era un almacén para dar recibos”.

Incluso reclamar podía terminar en detención. “Si te enojabas con el juez y le decías lo que sentías, te ponían presa. Mucha gente no sabe eso: te ponían presa por reclamar un papelito”. Ante ese bloqueo, algunas madres improvisaron soluciones.

“Se nos ocurrió robarle al juez el sello y la hojita. Entonces cada madre que presentaba el hábeas corpus, como el juez no se lo daba, lo hacíamos nosotros”.

Hebe de Bonafini también ha denunciado la actitud de sectores de la Iglesia. “En nuestra búsqueda encontramos el desprecio de los jueces y la complicidad de los curas que uno creía que iban a ayudar”; “Los capellanes del Ejército bendecían a los que tiraban a nuestros hijos vivos al río y al mar».

Con el retorno democrático en 1983, las Madres mantuvieron una postura crítica, cuestionaron al gobierno de Raúl Alfonsín y rechazaron la llamada Teoría de los Dos Demonios. Por esa razón decidieron no participar de la marcha que acompañó la entrega del informe de la CONADEP, que definía que a una Argentina «convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda”, sostenía el prólogo del «Nunca Más». A continuación indicaba que “a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos”.

Las Madres de Playa de Mayo rechazaron la postura adoptada por otros familiares de desaparecidas y desaparecidos respecto a que sus seres queridos fueron meramente víctimas del terrorismo de Estado. Para ella, ante todo, sus hijos fueron parte de los 30.000 que cayeron luchando por cambiar de raíz el sistema de opresión y explotación.

Durante el Juicio a las Juntas, en 1985, Hebe protagonizó una escena simbólica. Cuando el tribunal le pidió que se quitara el pañuelo blanco por ser un “símbolo político”, respondió retirándose. “No me dejan usar el pañuelo en la sala porque queda demostrado que la única condena en este juicio es el pañuelo blanco”.

La confrontación se profundizó durante el gobierno de Carlos Menem, cuando llegaron los indultos a militares responsables de crímenes de la dictadura. “El indulto es la última vergüenza, la última cachetada de este gobierno al pueblo. Un gobernante que hace alianzas con los enemigos del pueblo termina pareciéndose a ellos”.

Para Bonafini, incluso los juicios posteriores no podían reparar el daño. “Por más que condenen a los militares nunca va a haber justicia, porque es muy grande y muy horrible lo que pasó”.

Hebe fue nuestra referencia para hijos de desaparecidos, miles de jóvenes que en los 90 no nos resignamos a la impunidad de los genocidas. Enfrentó a la dictadura y nos enseñó que nunca se podía bajar los brazos
Aun con las diferencias estará PRESENTE siempre en nuestra memoria

— Alejandrina Barry (@Barry__Ale) November 20, 2022

Una lucha que no terminó

Hebe de Bonafini nunca buscó un lugar excepcional en la historia. Insistía en que su experiencia debía servir para mostrar que cualquier mujer podía luchar. “¿Cómo querría ser recordada? Como una madre. Como una madre que mostró que además de lavar, planchar y cocinar podemos hacer otras cosas”.

En los últimos años, Hebe adhirió al kirchnerismo, apoyando al gobierno y las políticas de sus principales referentes. Optó por adherir políticamente a la gestión del Estado capitalista encarnada por el kirchnerismo, lo cual derivó a dar por terminada su participación en la Marcha de la Resistencia y hasta definir que en la Casa Rosada “ya no había enemigos”.

El gobierno de Néstor Kirchner frente a un movimiento masivo en las calles que durante décadas venía luchando contra la impunidad y la represión tuvo la política –como tiempo después con el movimiento de mujeres– al otorgar algunas concesiones: trasladar la lucha en las calles en la sola confianza en las instituciones del Estado y la influencia del gobierno, horadando así la pelea «contra la represión, de ayer y de hoy».

Desde 2003 Hebe dejó de tener una actitud clara frente a la criminalización de la protesta social que en esos años mantuvo procesados a casi 5.000 luchadores obreros y populares, una política de Estado sostenida por el kirchnerismo. El alejamiento de la banderas históricas del movimiento de democrático llegó al extremo de negarse a luchar por la aparición con vida de Jorge Julio López: usando como argumento de no se trataba de «un típico desaparecido”, deslizando sospechas de que podría ser parte de una maniobra destinada a perjudicar al Gobierno.

Como luchadoras por los derechos humanos, en los años 90 Hebe y las Madres denunciaron el hambre, la represión de los gobiernos de turno. Fueron aliadas de las lucha de los trabajadores y sectores populares. Un ejemplo claro fue su apoyo incondicional a la experiencia de las fábricas recuperadas. Un momento emblemático quedó fijado cuando Hebe viajó a Neuquén y le entregó el pañuelo a los obreros de la fábrica Zanon que protagonizaban una lucha sin precedentes.

Que en los últimos momentos de su vida se alejara de las banderas históricas de la lucha democrática que ella misma había ayudado a construir, no nos exime de rescatar todas las enseñanzas que dejó en esos años.

Hebe marcó el sentido profundo de la lucha de las Madres en aquellos años 90: “Las Madres los vencimos, porque no dejamos que mueran nuestros hijos. Nuestros hijos no van a morir nunca, porque ya hay miles de pibes que levantan sus banderas. Eso es un acto de justicia”.

Casi cincuenta años después del inicio de aquellas rondas en la Plaza, esa afirmación sigue resonando como una de las definiciones más potentes de la memoria y la resistencia en la historia argentina.

Nuestra generación comenzó a militar marchando con Hebe al grito de ¡Ni un paso atrás!
Nos acompañó firmemente en el proceso de ocupación de fábricas y puesta en producción.
Más allá de las diferencias de los últimos años, eso no se olvida más. Hasta siempre, Hebe.

— Myriam Bregman (@myriambregman) November 20, 2022

Fuentes:

Entrevista a Hebe de Bonafini (Asociación Madres de Plaza de Mayo) Realizada por Graciela Di Marco (UNSAM)

Rechazo de las Madres a la CONADEP, el informe “Nunca Más” y la teoría de los dos demonios.

Juicio a los comandantes militares de la dictadura: Hebe se retira del recinto para denunciar la impunidad

Mateando con Hebe de Bonafini – N° 48 – La historia de las Madres 01

Mateando con Hebe de Bonafini – N° 49 – La historia de las Madres 02

Claudia Lilián Vargas Morán, Nuestros hijos, los revolucionarios. Narrativas y discurso de la Asociación Madres de Plaza de Mayo (1977-2003).

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