El precio del petróleo perforó la barrera de los u$s100 por barril este domingo. Es la primera vez que alcanza ese nivel desde la invasión rusa a Ucrania en 2022. El mercado tiembla ante la escalada bélica en Irán.
La amenaza es concreta. Irán advirtió que atacará cualquier petrolero que intente cruzar el estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo transita el 20% del petróleo mundial, lo que convierte cada hora de bloqueo en una crisis energética global.
Los futuros del crudo estadounidense treparon 18% en pocas horas. El barril se ubicó en torno a los u$s108, su valor más alto desde el 19 de julio de 2022. Durante la noche del domingo, el precio tocó brevemente los u$s110.
El Brent, referencia internacional del mercado petrolero, no se quedó atrás. Subió 16% hasta los u$s108 por barril, arrastrando consigo el temor de millones de inversores en todo el planeta.
Donald Trump defendió el aumento del petróleo como un precio por la paz
El presidente Donald Trump salió a dar la cara en redes sociales. Calificó el salto en los precios del petróleo como un «precio muy bajo a pagar» por la seguridad de Estados Unidos y del mundo.
«Los precios del petróleo a corto plazo, que caerán rápidamente cuando termine la destrucción de la amenaza nuclear iraní, son un precio muy bajo a pagar por la seguridad y la paz de Estados Unidos y del mundo. ¡SOLO LOS TONTOS PENSARÍAN DIFERENTE!», publicó Trump el domingo en Truth Social.
La declaración presidencial no logró calmar a Wall Street. Los futuros del Dow Jones se desplomaron más de 800 puntos, un 1,7%, mientras que los futuros del S&P 500 y del Nasdaq cayeron 1,6%, reflejando el pánico de los operadores ante una posible crisis inflacionaria.
Los inversores temen que un aumento prolongado del combustible desate un nuevo ciclo inflacionario. La economía estadounidense, que venía mostrando señales de desaceleración, enfrenta ahora un escenario de incertidumbre total.
En las estaciones de servicio de Estados Unidos, el impacto ya es visible. El precio promedio de la gasolina alcanzó los u$s3,45 por galón el domingo. Eso representa un salto del 16% respecto a la semana anterior.
El primer golpe llegó tras los ataques del 28 de febrero en territorio iraní. Desde entonces, cada escalada militar se tradujo en centavos adicionales por litro. Los conductores estadounidenses ya sienten el peso en sus bolsillos.
El gobierno de Trump busca soluciones para evitar el colapso del transporte petrolero
La Casa Blanca intentó este domingo apagar el incendio antes de que se propague. El gobierno anunció un plan para suministrar seguros a los petroleros que crucen el estrecho de Ormuz.
La medida busca resolver un problema urgente: las aseguradoras marítimas se negaron a cubrir los barcos en la región si son atacados. Sin cobertura, ninguna naviera quiere arriesgar sus buques en esas aguas.
La administración Trump también prometió escoltas navales para los petroleros. Pero hasta el momento no surgió un plan concreto. Las compañías navieras dejaron en claro que dudan en atravesar la región mientras continúe el conflicto armado, lo que prolonga la paralización del comercio petrolero.
Un alto funcionario iraní elevó la apuesta este domingo. Advirtió que el conflicto entró en una «nueva fase» tras los ataques de Israel contra sitios de almacenamiento de petróleo iraní.
El mismo funcionario indicó que Irán podría tomar represalias contra la infraestructura energética de la región en los próximos días. «Irán no cederá el control del estrecho de Ormuz hasta que logre los resultados deseados», declaró.
La amenaza no es retórica. Los productores de petróleo en la región ya no tienen espacio para almacenar el crudo que están extrayendo. Eso los obliga a reducir su producción de forma drástica.
El escenario político para Trump se complica día a día. Un aumento prolongado en los precios del petróleo y el gas podría agravar los problemas de asequibilidad en Estados Unidos.
Eso pone al presidente y a los republicanos en una posición precaria de cara a las elecciones de mitad de mandato de este año. La inflación fue el talón de Aquiles de la administración anterior. Si vuelve a dispararse por el petróleo, las urnas podrían cobrarse revancha en noviembre.
El ranking global del oro negro
El tablero de la oferta global de crudo a inicios de 2026 ratifica la hegemonía del continente americano, con los Estados Unidos liderando la tabla con 22,7 millones de barriles por día (MMbpd) y una participación del 22% sobre el total global, de acuerdo al portal Statista. Le siguen Arabia Saudita (10,7 MMbpd) y Rusia (10,5 Mbpd), quienes han ajustado sus volúmenes bajo el paraguas de la OPEP+.
Irán se consolidó como sexto exportador, con poco menos del 5% de participación global
El resto del «top 10» lo completan Canadá (6 MMbpd), China (5,3 MMbpd), Irán (4,7 MMbpd) como sexto productor global, Irak (4,5 MMbpd), Brasil (4,3 MMbpd), Emiratos Árabes Unidos (3,3 MMbpd), y Kuwait (2,6 MMbpd). Estas cifras, validadas por fuentes como la Agencia Internacional de Energía (IEA), demuestran que aunque Irán es un actor de peso, su salida física del mercado es técnicamente compensable por la capacidad ociosa de otros grandes productores.
En el mapa de reservas -es decir el petróleo en condiciones técnicas y económicas de ser explotado-, Irán exhibe un poderío que su actual nivel de exportaciones no llega a reflejar. Según los últimos datos de la OPEP de este 2026, la nación ocupa el tercer lugar mundial en reservas probadas de crudo, con aproximadamente 208.600 millones de barriles.
Esta cifra sitúa a Irán solo por detrás de Venezuela (303.200 Mbpd) y Arabia Saudita (267.200 Mbpd), superando a potencias como Canadá e Irak. La mayor parte de esta disponibilidad se concentra en el suroeste del país, en campos gigantes como Ahvaz y Gachsaran, cuya ubicación estratégica cerca del Golfo Pérsico le otorga una ventaja logística natural que hoy se encuentra bajo el asedio de la tensión geopolítica.
Más allá del crudo, Irán es una superpotencia gasífera, poseyendo la segunda reserva probada de gas natural más grande del planeta, solo superada por Rusia. Con yacimientos monumentales como South Pars, el país produce cerca de 250.000 millones de metros cúbicos anuales, pero su capacidad exportadora es limitada debido a la falta de infraestructura de licuefacción (GNL) y las sanciones.
Actualmente, sus exportaciones se canalizan principalmente vía gasoductos hacia Turquía e Irak, lo que convierte cualquier interrupción en un problema de seguridad energética regional que trasciende al mercado del petróleo.
