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En Argentina, casi la mitad de los trabajadores no se tomó vacaciones por falta de dinero

Un estudio de la plataforma y consultora de empleo internacional Bumeran revela también desigualdades crecientes entre los asalariados y el deseo de conseguir mejores ingresos, aún a costa de renunciar a derechos como el descanso. Otro estudio, de Zentrix Consultora, de diciembre pasado, indica que el 39,3% de la población declara no contar con recursos económicos para viajar este verano. El trabajo destaca que el acceso al descanso se convirtió en «un umbral social que separa estabilidad de vulnerabilidad»

Un estudio de la plataforma y consultora de empleo internacional Bumeran concluye que el 46% de los trabajadores en Argentina no se tomó vacaciones en el último año y que la razón principal de ello fue por falta de poder adquisitivo.

El relevamiento expone una tendencia que se acentúa en un escenario en el que persiste una relativamente alta inflación, con ingresos que no terminan de recomponerse y recortes forzados en los presupuestos familiares que obligan a postergar el descanso.

Entre los trabajadores que no lograron tomarse días de descanso, el 56% señaló la falta de recursos económicos como el motivo principal. Otro 21% atribuyó la imposibilidad de vacacionar a un cambio laboral. El 12% dijo que priorizó objetivos personales o profesionales. Otras causas, como problemas de salud, falta de tiempo, dificultades organizativas o la decisión de permanecer en el hogar sumaron el 11% de los motivos.

Un derecho en los papeles, no en el bolsillo

Los datos evidencian que el descanso anual dejó de ser un derecho accesible para transformarse en una elección atravesada por las restricciones económicas. Además, según el informe, el 29% de los trabajadores en la Argentina priorizaría una disminución de la jornada laboral por sobre la posibilidad de tomarse vacaciones.

El estudio también analizó cuáles son los beneficios más valorados por los trabajadores cuando el descanso anual no resulta una alternativa posible. El 22% de los encuestados elegiría otros beneficios en lugar de las vacaciones. Un mejor salario lideró las preferencias con el 44%, seguido por el trabajo remoto (21%), incentivos económicos adicionales (15%), modalidades sin horarios fijos (10%) y días libres esporádicos (6%). Otras opciones sumaron el 4%.

Los que sí pueden, lo hacen afuera 

Entre los trabajadores que sí pudieron vacacionar durante el último año, los destinos seleccionados muestran una combinación entre proximidad geográfica y costos accesibles. Al respecto, el 24% de quienes viajaron eligió la Costa Atlántica de la provincia de Buenos Aires. Otros destinos concentraron el 22%, con el Caribe como principal opción, mientras que Brasil representó el 16% y la Patagonia el 13%, de acuerdo con los datos de Bumeran.

Esto refleja un escenario a dos velocidades: la mitad de los argentinos no tiene resto económico como para irse de vacaciones y el resto cada vez más elige irse fuera del país, principalmente a Brasil o el Caribe, en el marco del dólar barato que vuelve a esos destinos más accesibles.

Bolsillos deteriorados y mayor desigualdad

El último informe de Zentrix Consultora, de diciembre pasado, indica que el 39,3% de la población declara no contar con recursos económicos para viajar este verano. Lo que, señala ese estudio, convierte «el acceso al descanso en un umbral social que separa estabilidad de vulnerabilidad». Y agrega que, incluso, «entre quienes mantienen alguna capacidad de viaje, predominan estrategias de ajuste como escapadas cortas o turismo de cercanía, confirmando que el recorte es una decisión económica forzada».

El mismo reporte precisa que el 77,6% de los argentinos afirma que su salario perdió frente a la inflación y ese deterioro impacta de lleno en la autopercepción social: el 64% de la población se define hoy como clase media baja o baja, lo que evidencia la presión sostenida sobre los ingresos reales a lo largo del año.

En paralelo, la percepción sobre la situación económica del país muestra un marcado deterioro: el 55,3% la evalúa de manera negativa, muy por encima de la valoración de la situación personal, lo que confirma un clima macroeconómico percibido como más crítico que la experiencia individual.

En contraste con el aumento de las dificultades económicas y la imposibilidad de acceder a vacaciones, las estadísticas muestran que los viajes al exterior mantienen una tendencia en alza. Este fenómeno amplía la brecha entre quienes pueden afrontar el costo de viajar a destinos internacionales y quienes ven restringidas sus opciones por la pérdida de poder adquisitivo, consolidando una diferencia marcada.

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