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Qué historia llevó a Bill Clinton a expandir el libremercado y a Donald Trump a revertirlo

“Quiero un decreto para el viernes que retire a Estados Unidos del NAFTA”, ordenó Donald Trump cuando recién arrancaba como presidente en 2017. NAFTA son las siglas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (México, Estados Unidos y Canadá). “Y lo quiero sobre mi mesa”.

“Presidente, tenemos que idear una estrategia para asegurarnos de que haremos las cosas en el orden correcto y que tendremos en cuenta todos los aspectos”, argumentó Robert Porter, entonces secretario de la Casa Blanca y de Trump. “Hay que consultar a Gary Cohn y Steve Mnuchin (N.E.: Cohn era jefe de Asesores Económicos y Mnuchin, secretario del Tesoro). Las cosas de palacio van despacio”.

“Todo eso a mí me importa un carajo. Lo quiero en mi escritorio el viernes”.

La historia está contada en Miedo. Trump en la Casa Blanca, el libro de Bob Woodward, que se basó en grabaciones con miembros del equipo del presidente durante su primera gestión y su proceso de toma de decisiones.

Meses más tarde, cuando Trump amagó con imponer aranceles al acero, quince de los antiguos directores del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, formado por economistas académicos, enviaron una carta a Trump en la que urgían a “no emprender” un porceso que podría afectar a las relaciones con los aliados clave y “dañar increíblemente la economía de Estados Unidos”. La carta la firmó un grupo de republicanos y demócratas de lo más selectos, entre los que se incluían Alan Greenspan y y Ben Bernanke, anteriores presidentes de la Reserva Federal; Laura Tyson, la principal consejera económica del gobierno de Bill Clinton, y el Premio Nobel Joseph Stiglitz.

El jueves, el exsecretario del Tesoro Larry Summers dijo: “no entiendo cómo una persona experta en economía puede seguir estando cómoda en esta administración”.

El NAFTA fue el primero de tres cambios que hizo el propio Clinton en la economía de Estados Unidos a comienzos de los noventa. Pero el que quizá más transformaría la economía mundial en las décadas siguientes. Junto con la creación de la Organización Mundial del Comercio y las relaciones comerciales de carácter permanente con China, el NAFTA fue el intento más significativo de forjar un nuevo orden comercial internacional post Bretton Woods sin controlar los tipos de cambio pero con la OMC velando para que los países no aplicaran barreras injustas.

Integrar a China en el sistema de la OMC era toda una apuesta. Los propios funcionarios de OMC consideraban que era “una economía no basada en el mercado” lo que significaba que China tendría que revisar exhaustivamente la relación entre su gobierno y su organización económica. Pero los economistas de Clinton confiaba en que el proyecto de ley de comercio con China tuviese “un profundo impacto en los derechos humanos y en la libertad política” generando presión para que “los líderes chinos optasen por la reforma política”.

Para muchos, pero sobre todo para Trump, el resultado con China nunca llegó. Desde mediados de la década del 80, la cifra de empleo fabril en Estados Unidos se mantuvo en 17 millones de puestos. A fines de 2000, cuando se aprobó el proyecto de ley del acuerdo comercial con China, los puestos de trabajo industrial en Estados Unidos cayeron de 17,3 a 14,3 millones. Luego, en la crisis de 2008 se perdieron otros 3 millones, registró David Autor, economista del MIT.

Desde Joan Robinson hasta Paul Krugman creyeron que una crisis comercial podría ser tan perjudicial para el mundo como lo había sido la crisis del petróleo en los setenta. Ambos en su momento hablaron de algún tipo de protección. Pero “meticulosamente diseñada”, escribió Robinson respecto a los déficits comerciales persistentes de EE.UU. Ahora, como dijo Summers: “la principal preocupación hoy es la falta de competencia del gobierno”.

¿En qué falló la estrategia de Clinton?

El año pasado lo explicó así Aaron Friedberg, de la Universidad de Princeton y exasesor de la oficina del vicepresidente en EE.UU., en un encuentro organizado por Boletín Techint. El experto señaló que uno de los motivos por los cuales Estados Unidos y el mundo occidental no consiguieron que China adoptara la cultura occidental luego de ingresar a la OMC en 2001, fue que el Partido Comunista conservó el monopolio del poder político y que no se movió de lo que él llama ‘el principio mercantilista-leninista’. “La economía para Beijing no es sinónimo de mejora el bienestar de sus ciudadanos sino de impulsar el poder global de la China y alcanzar a Estados Unidos”.

Según Trump, las tarifas permitirán al gobierno aumentar la recaudación y bajar el déficit fiscal. De ese modo necesitará emitir menos deuda para financiar el desequilibrio y así las tasas bajarán. En la concepción de Trump muchos están viendo las tarifas y la geopolítica, pero lo que él está haciendo es una reestructuración de la hoja de balance del Tesoro de Estados Unidos. Como decía Tusam: ¡puede fallar!

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